Epsolon Zen. Equilibrio.
La ira, es la no aceptación de lo que
verdaderamente sentimos por dentro.
Es como mover un cuenco lleno de agua en una superficie:
Si actúas deprisa, sin pensar,
volcaras su contenido.
Pero si te paras a pensar como moverlo, sin que este vuelque, aprenderás las tres palabras mágicas para controlar la rabia:
La paciencia, la empatía y la precisión.
Historia: El Monje y el Cuenco de Agua
En un remoto monasterio de la dinastía Ming, había un joven monje llamado Tao, conocido por su energía y carácter impetuoso. A pesar de su buena disposición, luchaba contra la ira y la frustración cuando las cosas no salían como esperaba. El abad, observando sus conflictos internos, decidió darle una lección que no podría olvidar.
Un día, el abad entregó a Tao un cuenco lleno de agua y le dijo: “Llévalo hasta el jardín sin derramar ni una gota.” Tao, ansioso por completar la tarea, caminó con rapidez y, en su prisa, el agua se derramó antes de llegar al jardín. Frustrado, intentó una y otra vez, solo para fallar cada vez más rápido.
Finalmente, exhausto, le preguntó al abad cómo podría lograrlo. El abad sonrió y le respondió: “La ira que sientes es como el agua en el cuenco. Si actúas deprisa, la volcarás. Pero si piensas en cómo sostenerla, encontrarás en tu interior tres palabras mágicas: paciencia, empatía y precisión.”
***
Tao, decidido a aprender, respiró hondo y se concentró en mantener el cuenco firme. Aprendió a caminar con calma, a sentir la empatía hacia el agua y la precisión en cada paso. Con cada intento, la ira que sentía comenzó a disiparse, reemplazada por una profunda serenidad.
Finalmente, Tao llegó al jardín sin derramar una sola gota. Había aprendido que la verdadera fuerza no radica en la velocidad o la fuerza, sino en el equilibrio que surge al comprender y aceptar nuestras emociones sin permitir que se desborden.
Epílogo
Desde ese día, Tao se convirtió en uno de los monjes más respetados del monasterio, conocido por su paz y control. La historia de su prueba con el cuenco fue contada a otros discípulos, enseñándoles que la ira solo se controla cuando aprendemos a movernos con calma y empatía, con precisión y sin prisa.
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Proverbio Chino:
"Quien sostiene el cuenco con calma, controla el río de su corazón."
Este proverbio refleja que, al igual que un cuenco lleno de agua, nuestras emociones requieren equilibrio y paciencia. Solo quien aprende a moverse con calma y precisión puede evitar que sus emociones lo desborden.
© 2025 Óscar Fuillerat Cruz. Todos los derechos reservados.Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio, sin el consentimiento expreso del autor.
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