Bitácora Nemoshyne. Ataraxia ( Parte I)
La Ataraxia…
No todo el mundo está listo para comprenderla.
No todo el mundo… quiere hacerlo.
Pero… si tú has llegado hasta aquí…
Si estás leyendo esto…
Es porque… de algún modo…
Tú también estás siguiendo…
El camino hacia la Ataraxia.
La Ataraxia…
Es un estado de serenidad interior.
Un equilibrio mental…
Donde las pasiones…
Los miedos…
Y las perturbaciones…
Pierden su fuerza.
No significa indiferencia.
Ni resignación.
Ni frialdad.
Es… más bien…
Una calma lúcida.
Un lugar… dentro del alma…
Donde ni el dolor…
Ni la euforia…
Tienen poder absoluto… sobre ti.
Es la cima…
A la que ascienden…
Quienes aprenden a dominar sus emociones.
No huyendo de ellas…
Sino entendiéndolas.
Aceptándolas…
Abrazándolas…
Y… finalmente…
Trascendiéndolas.
Para alcanzarla…
Existen caminos…
Pruebas…
Caídas…
Y… sobre todo…
Lecciones…
Que no se enseñan… en ningún libro.
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Este texto…
No es un manual.
Son experiencias…
Historias…
Relatos…
De aquellos… que se perdieron…
En el mundo del Hades…
A orillas…
De la laguna Estigia.
Allí donde las voces…
Se mezclan con el eco…
De lo que fue…
Y de lo que… quizás…
Pudo haber sido.
No es necesario… que lo comprendas.
Yo nunca… intenté hacerlo.
Simplemente…
Me dediqué a escuchar…
El llanto de “los perdidos”…
Aquellos…
Que Caronte dejó…
En las orillas del olvido.
Pero…
Para que puedas entender… quién soy…
Y por qué… te cuento esto…
Déjame relatarte…
Las historias… que nunca se contaron.
Mi nombre es…
Nemoshyne Scrolls…
La décima… de las musas…
Del templo de Quirón.
Y esto es… Ataraxia.
No la filosófica…
Ni la de los tiempos… de las guerras del Peloponeso…
Sino…
La Ataraxia que nació…
De una lágrima de sangre…
Derramada…
Por el corazón de Perséfone…
La reina… del Hades.
Las tres fuerzas inquebrantables
Dicen…
Que antes… incluso de que el primer dios alzara la mirada hacia el cielo…
Ya existían tres leyes.
No están escritas en piedra.
No nacieron en los libros sagrados.
Y si alguna vez fueron susurradas…
Fue en voz tan baja…
Que solo el universo… las escuchó.
Algunos las llaman pilares…
Otros… designios antiguos.
Y hay quienes…
Prefieren no nombrarlas…
En absoluto.
Porque estas leyes…
No se negocian.
Están ahí…
Invisibles…
Sosteniendo el peso de cada historia…
De cada lágrima…
De cada destino…
Incluso…
El de aquellos…
Que se creen por encima de todo.
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El Perdón
El arte de perdonar…
Es la disciplina del autocontrol.
Es un proceso…
Una metamorfosis interna…
Donde el ego…
Pierde su trono…
Y, en su lugar…
Nace una versión más honesta…
Más sabia…
Y más empática…
De ti mismo.
Como el gusano que deja atrás su vieja piel…
Y, en la crisálida…
Transmuta dolor por comprensión…
Rabia por templanza…
Y resentimiento… por libertad.
La herida…
No desaparece.
Pero queda encerrada…
Como una cáscara vacía…
Que ya no tiene poder sobre ti.
Perdonar…
Es un acto de maestría interior.
Un escalón hacia una conciencia más elevada.
Una victoria silenciosa…
Que solo tú…
Puedes concederte.
Porque quien no puede perdonar…
En el Hades…
Sigue encadenado…
A su propia herida…
A su propia condena.
Sin salida…
Sin absolución…
Sin paz.
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El Amor
Dicen muchas cosas… sobre el amor.
Historias de poetas… de enamorados…
De canciones baratas… y promesas vacías.
Pero lo que yo voy a decirte…
No tiene nada que ver con eso.
No hablo del amor romántico.
Porque… en el Hades…
El amor… tal como tú lo entiendes…
No existe.
No es ternura.
No es deseo.
No es correspondencia.
Ni siquiera es justicia.
El Amor verdadero…
Es el segundo pilar del universo.
Y, por eso…
Siempre… siempre…
Es una renuncia.
Un acto de absoluta entrega…
Sin garantías de retorno.
Una fuerza que solo nace…
Cuando alguien…
Elige… de forma consciente…
Poner el bienestar…
La vida… o la paz…
De otro…
Por encima…
De su propio orgullo…
De su propio miedo…
De su propia existencia.
Por eso…
Los dioses… lo temen.
Más que a la guerra…
Más que al olvido eterno…
Más incluso… que a la muerte.
Porque el amor…
En el exterior…
En la vida real…
Cuando llega de verdad…
No te deja indemne.
No te permite volver atrás.
Te arranca…
De lo que fuiste…
Y te obliga a caminar…
Hacia lo desconocido.
Sin garantías…
Sin mapa…
Sin redención asegurada.
Al igual que un condenado…
En las orillas…
De la laguna Estigia.
Es…
Una ofrenda de voluntad propia.
Una muerte emocional…
No solo física…
Sino interior.
Una despedida del ego…
Para dar paso…
A algo…
Que aún…
No puedes comprender.
Los antiguos…
A este acto…
Le dieron un nombre.
Uno que nunca se pronuncia a la ligera.
Uno que…
Ni siquiera los dioses…
Dicen en voz alta.
Metanoia.
Porque solo después de cruzarla…
Solo después de caer…
Solo después de dejar el alma vacía…
Y el ego derrotado…
Es cuando…
Por fin…
El recipiente queda limpio…
Y el primer poder de la creación…
Se abre paso.
“La esperanza”
La Esperanza
Dicen… que la esperanza…
Es un regalo.
Otros… la llaman condena.
Y quizá…
Ambas cosas sean ciertas.
No olvidemos…
Que fue lo último que quedó…
En el fondo de la Caja de Pandora.
El último residuo…
Después de que todos los males…
Fueran liberados sobre el mundo.
Y durante siglos…
Se ha debatido…
Si la esperanza fue…
Un acto de misericordia…
O…
El más cruel de los castigos.
Porque la esperanza…
Hace que sigas caminando…
Incluso…
Cuando todo está perdido.
La esperanza…
No es un bálsamo.
Es una transición.
Una reacción del alma.
Un puente…
Entre lo que fuiste…
Y lo que estás a punto de ser.
Nace…
Cuando ya no hay salida.
Cuando el amor…
Ha sido entregado.
Cuando el ego…
Ha sido destruido…
Por el perdón.
Y cuando el individuo…
Sea humano…
Dios…
O condenado…
Se queda solo…
Con su dolor.
No cura.
No salva.
No promete.
Solo te dice…
"Avanza…"
Aunque no sepas hacia dónde…
Aunque el suelo tiemble…
Aunque todo lo que conocías…
Deje de existir.
La esperanza…
En el Hades…
Nunca fue la meta.
Siempre fue…
El umbral.
Y entonces…
Solo entonces…
Cuando un condenado…
Comienza a abrir los ojos…
Entiende…
Su última verdad:
Que siempre…
Siempre…
Siguió siendo él…
o ella.
¿No creen…?
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