La Mansión Belleflur. Capitulo 2: La biblioteca

Carol Duvalier escucho: “ bienvenida”
En ese instante, cruzo el umbral de la mansión….
De repente, una figura alta y distinguida apareció en las sombras del salón principal. Guillaume Devereaux, un hombre de piel oscura, con una compostura impecable y una expresión que transmitía serenidad, emergió del rincón donde había estado esperando. Llevaba un uniforme oscuro, con detalles en plata, y su porte era el de alguien que conocía la mansión mejor que nadie.

Guillaume: (haciendo una pequeña reverencia) "Mademoiselle Duvalier, bienvenida a Bellefleur. Mi nombre es Guillaume Devereaux, soy el encargado de asistir a los huéspedes de la mansión. ¿Puedo ofrecerle alguna comodidad tras su viaje?"

Carol lo observó con una mezcla de intriga y aprehensión. Había oído hablar de la mansión, de las historias oscuras que la rodeaban, pero lo que más la inquietaba era el destino de su padre. No había recibido noticias de él desde que llegó a Bellefleur días antes, y su única pista la había traído aquí.

Carol: (con voz insegura) "Estoy buscando a mi padre, el señor Duvalier. Me dijeron que estaba aquí. ¿Sabe usted algo de él?"

Guillaume esbozó una ligera sonrisa, cargada de cortesía, pero sus ojos permanecieron en calma. Sabía exactamente dónde estaba el señor Duvalier, pero no era el momento de revelarlo.

Guillaume: "Su padre, mademoiselle, está ocupado en ciertos asuntos importantes que lo retienen en París. Ha solicitado que usted permanezca aquí hasta su llegada, lo que sucederá en un par de días. En Bellefleur encontrará todas las comodidades necesarias para hacer su estancia lo más placentera posible."

Carol frunció el ceño, sospechando que no le estaban contando toda la verdad, pero la tranquilidad de Guillaume, y la forma en que hablaba, la hizo dudar de su instinto. Había algo en él que inspiraba confianza, aunque sabía que le estaba ocultando algo.

Carol: "No entiendo. Si está en París, ¿por qué no me ha enviado ningún mensaje? ¿Por qué tengo que esperar aquí?"

Guillaume se inclinó ligeramente hacia ella, manteniendo la compostura serena que lo caracterizaba.

Guillaume: "A veces, las comunicaciones no viajan tan rápido como quisiéramos, mademoiselle. Pero puedo asegurarle que su padre desea que usted se sienta segura aquí. Además, Bellefleur tiene muchas maravillas para ocupar su tiempo mientras espera su llegada."

Carol no pudo evitar sentirse intrigada por las palabras de Guillaume. Miró a su alrededor, y a través de una puerta abierta vio una sala enorme llena de libros antiguos y estanterías que se alzaban hasta el techo.

Carol: (con curiosidad) "¿Es... una biblioteca?"

Los ojos de Guillaume brillaron con una pizca de orgullo.

Guillaume: "Así es, mademoiselle. Bellefleur cuenta con una de las bibliotecas más extensas de esta región. Libros de autores de renombre, algunos volúmenes que no encontrará en ningún otro lugar de Francia. Si le interesa la lectura, encontrará aquí títulos que quizás nunca haya visto."

Carol, amante de la literatura desde niña, sintió una oleada de emoción. Su pasión por los libros siempre había sido su refugio, y la idea de explorar una colección tan vasta y oculta le hizo olvidar, por un instante, sus dudas sobre la situación de su padre.

Carol: "¿Qué clase de libros?"

Guillaume, percibiendo su interés, se acercó a una de las estanterías y recorrió los lomos de los libros con sus largos dedos.

Guillaume: "Aquí podrá encontrar las fábulas de La Fontaine, las primeras ediciones de Molière, e incluso textos más oscuros, como 'El Arte de la Guerra' de Maquiavelo o la colección completa de 'Los Cuentos de Charles Perrault'. Si le interesan los estudios más antiguos, tenemos algunos tratados de filosofía griega, y hay ciertos volúmenes únicos de alquimia que datan de la Edad Media."

Carol, con los ojos muy abiertos, se acercó a la estantería. El aroma de los libros antiguos la envolvía, y su fascinación por la literatura se apoderó de ella.

Carol: "Este lugar es... increíble. Podría pasar días aquí."

Guillaume: (sonriendo suavemente) "Me alegra que lo piense así, mademoiselle. Tiene libertad de explorar la biblioteca a su gusto durante su estancia. Si tiene algún libro en particular que busque, estaré encantado de ayudarle."

Sin embargo, a pesar de su entusiasmo por la biblioteca, Carol no podía apartar la sensación de que algo no estaba bien. Su padre seguía sin aparecer, y aunque Guillaume era cortés y servicial, había una barrera invisible entre ellos. Sabía que él conocía más de lo que decía, pero cada vez que intentaba acercarse al tema, él redirigía la conversación con una elegancia casi desconcertante.

Carol: (suspirando) "Agradezco mucho su hospitalidad, pero sigo sin entender por qué mi padre no ha dado señales de vida. ¿Está seguro de que llegará en dos días?"

Guillaume mantuvo su expresión imperturbable, respondiendo con la misma cortesía que había mostrado desde el principio.

Guillaume: "Eso es lo que me han informado, mademoiselle. Pero si lo desea, puedo hacer todo lo posible para que su espera aquí sea lo más cómoda posible. Puedo asegurarle que su padre estará aquí a la mayor brevedad."

Algo en su voz sugería que no debía seguir preguntando, y Carol, a pesar de su incomodidad, decidió no insistir más por el momento.


A medida que las horas pasaban, Carol exploró la biblioteca, sumergiéndose en los textos antiguos y olvidando por momentos la preocupación por su padre. Los libros la mantenían distraída, pero había algo más en la mansión que perturbaba su tranquilidad. Cada vez que levantaba la mirada de su lectura, sentía una presencia, como si alguien la estuviera observando desde las sombras.

No era Guillaume. No, él siempre aparecía con una presencia tangible, cortés y elegante. Esto era diferente. Era como si la mansión misma tuviera ojos, vigilándola, analizándola. En más de una ocasión, creyó ver una sombra moverse por el rabillo del ojo, pero cuando giraba la cabeza, no había nada.

Y sin embargo, se sentía inexplicablemente tranquila. Había algo en esa oscuridad que no le inspiraba miedo, sino curiosidad. Sabía que estaba siendo observada, pero no se sentía en peligro. Era como si la mansión, o lo que fuera que la habitaba, la aceptara... por ahora.

Carol decidió que esperaría los tres días. Había algo en Bellefleur que la fascinaba, más allá de la incógnita de su padre. Y aunque la inquietud no la abandonaba del todo, algo en el misterio de ese lugar la mantenía allí.

Desde las sombras, Etienne de Rochefor la observaba, como un cazador que estudia a su presa con interés, intrigado por la calma que Carol mantenía en un lugar que había quebrado a tantos antes que ella.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Bitácora de Nemoshine · AtaraxiaCapítulo XV — Asharim-Tala (Parte 4)¿Qué hay realmente en el interior de la lágrima?

Bitácora Nemoshyne. Ataraxia VIII

Bruja Piruja. Capitulo 7.Jordi Bernat Montfort ( Bernardino) ( parte 2)