Epsolon Zen. Mi lugar en este mundo .


Mi lugar en el mundo
Se quien fui.
Se lo que quiero,
por qué aprendí a saber lo que no deseo.
Creo en mi.
Acepto al maestro supremo de las enseñanzas de todas las cosas.
No tengo miedo,
por que cuando fui creado comprendí mi destino.
Si contengo algo importante, estaré ejerciendo lo que soy.
Si no contengo nada,
tanto de lo mismo


Historia: El Guerrero y el Maestro Supremo

En el antiguo reino de Qi, un joven guerrero llamado Lan buscaba su propósito en el mundo. Desde pequeño había sido entrenado en el arte de la guerra, en el conocimiento de las estrellas y en la lectura de los textos sagrados, pero algo en su interior siempre le hacía preguntarse cuál era realmente su lugar en la vida. Un día, decidido a encontrar una respuesta, Lan subió a la montaña más alta para consultar al Maestro Supremo, un anciano venerado por su sabiduría y desapego del mundo.

“Maestro,” dijo Lan, “he venido en busca de mi propósito. Sé quién fui, y creo saber lo que quiero, pero aún no comprendo si mi lugar en el mundo tiene algún sentido real.”

El anciano lo escuchó en silencio, observando cómo el viento jugaba con las hojas en su jardín. Finalmente, habló: “Lan, el propósito no siempre se encuentra en la búsqueda de grandes objetivos. A veces, está en aceptar quién eres y en comprender lo que no deseas. Es en esa aceptación donde reside la verdadera paz.”


Lan meditó sobre las palabras del anciano y comprendió que su valor no radicaba en lo que hacía, sino en lo que aceptaba de sí mismo y de la vida. Reconoció que, al igual que una vasija que puede contener tanto vino como vacío, su valor no dependía de lo que guardaba, sino de la capacidad de estar en paz, con o sin contenido.

Desde ese momento, Lan dejó de temerle al fracaso y a la incertidumbre. Sabía que, fuera cual fuera su destino, ya era completo en su propia naturaleza. Se dio cuenta de que había estado buscando respuestas externas cuando, en realidad, el lugar en el mundo que anhelaba siempre había estado en su interior.

Epílogo

Lan regresó a su pueblo, y a partir de entonces vivió con una serenidad que inspiró a todos los que lo conocían. Enseñó a los jóvenes que el verdadero propósito no siempre se encuentra en lo que hacemos, sino en la paz que logramos al aceptar quienes somos. Y, como una vasija que está completa tanto al contener como al estar vacía, aprendió que su verdadero lugar en el mundo era simplemente ser.

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Proverbio Chino:

"La vasija es completa, tanto en la plenitud como en el vacío; quien conoce su naturaleza no teme al destino."

Este proverbio expresa que la verdadera paz y plenitud provienen de aceptar tanto la presencia como la ausencia de cosas en nuestra vida, y que quien comprende su esencia interior ya ha encontrado su lugar en el mundo.


© 2025 Óscar Fuillerat Cruz. Todos los derechos reservados.Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio, sin el consentimiento expreso del autor.

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