La Mansión Belleflur. Capitulo 5: El baile de los Malditos


Al regresar al salón principal, Carol quedó paralizada por la escena que se desplegaba ante sus ojos. Lo que antes era una mansión desolada y vacía ahora rebosaba de vida, o lo que parecía vida. Hombres y mujeres con trajes opulentos, de otras épocas, bailaban y reían como si estuvieran celebrando una fiesta lujosa. Sin embargo, había algo inquietante en ellos. La piel de algunos parecía demasiado pálida, casi translúcida, mientras que otros tenían los ojos vacíos y oscuros, como si sus almas se hubieran desvanecido hacía mucho tiempo.

Al entrar en el salón, todas las miradas se dirigieron hacia Carol. Un silencio pesado cayó sobre la sala, y los "invitados" la miraron como lobos hambrientos observando a su presa. El aire se volvió denso y cargado de una tensión imposible de ignorar.

Carol sintió que su corazón latía con fuerza en su pecho. Algo la instaba a correr, pero al mismo tiempo, no podía moverse. Era como si esas miradas la hubieran atrapado, inmovilizado.

De repente, una figura emergió de la oscuridad. Etienne de Rochefor, alto y elegante, con un porte que irradiaba una mezcla de peligro y atracción, se acercó lentamente. Su rostro apenas visible bajo la sombra de la luz tenue, pero sus ojos brillaban con un hambre antigua, un deseo que iba más allá de lo mortal.

Etienne: (con voz suave, casi hipnótica) "Mademoiselle Duvalier. Me alegra que haya decidido quedarse con nosotros."

Los ojos de Carol se encontraron con los de Etienne, y en ese instante, algo incontrolable surgió en su interior. Una sensación inexplicable, una mezcla de terror, fascinación, y ¿mirada familiar?. Quería huir, pero al mismo tiempo, sentía una atracción magnética hacia él, como si hubiera sido llamada aquí por una fuerza más allá de su comprensión.

Etienne: (ofreciendo su mano) "¿Me concedería este baile?"

Carol, casi sin pensar, extendió su mano hacia él. ( No era ella, pero...¿Que estaba pasando?)Al tocarla, Etienne se estremeció por un segundo, como si algo en su contacto lo hubiera desconcertado.( Hacia tiempo que no tenía ese sentimiento tan humano, tan intenso, tan mortal. La última vez que lo tubo fue con Amélie Roucheverneaux...) Empezaron a moverse por el salón, rodeados por las figuras de los malditos que los observaban en silencio, con sonrisas sombrías y miradas hambrientas.

Al principio, Etienne lideraba el baile, su control absoluto, su hambre palpable. Pero cuanto más tiempo pasaba, algo comenzaba a cambiar. Al sentir el calor del cuerpo de Carol junto al suyo, la oscuridad que lo consumía desde hacía siglos empezó a desmoronarse. Sus ojos, antes fríos y depredadores, se suavizaron, ( incluso el color de sus ojos marrones claros comenzaron a disipar la negrura perlada del iris) y su paso, antes firme y dominante, se volvió vacilante.

Era él quien había puesto la trampa, había atraído a Carol a Bellefleur. Ella había sido la presa, la pieza final en su colección maldita. Pero ahora, algo en ella lo atrapaba. Una luz que había olvidado que existía, una humanidad que hacía mucho tiempo que no había sentido. ( Incluso en el movimiento de la música, podía sentir el calor de su corazón palpitar de nuevo, ¿Porque?)

Mientras giraban por el salón, rodeados por los muertos vivientes, Etienne sintió algo que no había sentido en siglos: vulnerabilidad.

Etienne: (murmurando, casi para sí mismo) "¿Qué estás haciendo... conmigo?"

Carol, sin darse cuenta del poder que comenzaba a ejercer sobre él, lo miró confundida ( destellos de imágenes no recuerdos de alguna vida pasada, venían y se iban ). Había llegado buscando respuestas, buscando a su padre. Pero ahora, el depredador se encontraba atrapado en su propia red.
Carol: (susurrando) "¿Qué ....que... que eres tú?"

Etienne: (con una sonrisa triste) "Algo que debería haber muerto hace mucho tiempo. Y sin embargo, aquí estoy... atrapado, igual que tú."

El baile continuó, pero el control había cambiado de manos. Etienne, el cazador, ahora era la presa de los encantos de Carol Duvalier.

Mientras bailaban, Carol sentía el peso de las miradas de los espíritus que los rodeaban. No eran simples observadores, sino depredadores, criaturas de hambre insaciable que esperaban, ansiosos, por el momento adecuado para abalanzarse. Sin embargo, ningún espectro osaba moverse mientras Etienne y ella giraban por el salón. Los muertos, los condenados, parecían detenerse por completo ante la presencia de su señor.

Carol: (con una mirada astuta, sin perder el ritmo del baile) "¿Qué es este lugar..? La mansión... todo esto... Parece un sueño.... Recuerdo...."

Etienne: (sonriendo con una mezcla de diversión y peligro) "Un sueño, tal vez. O una pesadilla para aquellos que no comprenden sus reglas. Aquí, el tiempo es relativo, como lo es la vida y la muerte. En Bellefleur, todo lo que deseas puede hacerse realidad, pero a un precio."( No puedo decirle la verdad, pensaba...)

Carol sabía que estaba jugando en territorio desconocido, pero debía mantener la calma. Había escuchado los rumores sobre Etienne, un ser antiguo y peligroso, maestro en la seducción y el engaño. Si quería encontrar una salida, tenía que jugar a su juego.

Carol: (riendo ligeramente, aunque sin alegría) "¿Y cuál sería ese precio? ¿Mi alma? ¿Mi libertad?"

Etienne: (acercándola más a él, sus palabras casi un susurro) "Tal vez ambas cosas. O tal vez nada en absoluto. Todo depende de lo que desees. Bellefleur es un espejo, Carol. Refleja lo que llevas dentro. ¿Y qué es lo que tú llevas dentro?"

Carol: (mirándolo intensamente, disimulando su miedo con desafío) "Veo que os gusta hablar en enigmas, Señor. Pero me temo que no tengo tiempo para juegos de palabras."

Etienne sonrió, pero era una sonrisa peligrosa. Mientras sus manos guiaban a Carol en el baile, sus dedos rozaban suavemente su espalda, enviando escalofríos por todo su cuerpo. Había algo oscuro en su toque, algo que iba más allá de lo físico. Carol sabía que debía actuar rápido.

Carol: (deteniéndose abruptamente en medio del salón, rompiendo el ritmo del baile) "Liberad a mi padre... por favor."

¡La música se detuvo de golpe!, como si sus palabras hubieran arrancado el aire mismo del salón. Los espíritus, que hasta ese momento habían estado en un silencioso frenesí, se quedaron inmóviles, como estatuas esperando una señal.

Etienne la soltó despacio, sus ojos se clavaron en ella, pero ya no eran los ojos amables y seductores de antes. Un destello rojo de furia apareció en sus pupilas. La oscuridad que parecía controlar de forma tan elegante ahora amenazaba con desbordarse.

Etienne: (con voz baja, llena de ira contenida) "¡No podéis!. ¿Y a dónde iríais, Carol? Ahora formáis parte de este lugar... ¡Esta es vuestra casa!." ( Ya basta de juegos)

Carol retrocedió, su corazón latiendo con fuerza mientras sentía cómo el ambiente se volvía más espeso, casi sofocante. Intentó correr hacia las puertas del salón, pero estas se cerraron de golpe delante de ella. Las sombras parecían moverse por su propia cuenta, sellando cualquier ruta de escape.

Etienne: (más firme, avanzando hacia ella) "¡No podéis iros! Aquí ya no sois huésped, sois parte de la mansión, igual que yo, igual que los otros. ¡Este lugar os reclama!."

Desesperada, Carol se arrodilló ante las puertas cerradas, golpeando con las manos, pero el eco de sus golpes no hacía más que rebotar en el vacío. Entre lágrimas, se inclinó contra la madera fría, sintiendo cómo la esperanza se le escapaba de entre los dedos. Cerró los ojos con fuerza y, por un momento, dejó que su mente vagara lejos de la oscuridad de Bellefleur, hacia los sueños que alguna vez tuvo, sueños de un futuro fuera de aquel lugar maldito.

Carol: (con la voz rota) "Quería... una vida normal. Una familia. Una vida simple y libre, sin miedos ni sombras. Solo eso. No pedía mucho, ¿verdad? Algo lejos de este lugar, donde pueda ser feliz."
Sus palabras eran sinceras, despojadas de cualquier pretensión. Era el grito de su alma, perdido en la penumbra de la mansión. A sus espaldas, Etienne la observaba, sus ojos rojos aún brillando con rabia, pero algo en la honestidad de Carol lo hizo detenerse. Su rostro, que había sido una máscara de furia, empezó a suavizarse.

Carol, todavía arrodillada, (con la voz apenas un susurro) "Devolvedme a mi padre... y me tendréis."

El salón entero pareció contener la respiración. Los espíritus, que se habían quedado esperando, parecían observar con renovado interés. Etienne no dijo nada. Debió sonreír al conseguir lo que quería. Pero su rostro era serio, preocupado por una decisión estúpida e insensata. Y pensó para sus adentros (“ No sabéis lo que acabáis de hacer …‘)

 Las puertas principales y todos los accesos a la mansión, se cerraron de golpe tras pronunciar Carol Duvalier aquellas palabras “ ...me tendréis”

***

Pierre Duvalier, su padre, fue lanzado fuera de la mansión Bellefleur como un mendigo. El impacto lo dejó en el suelo, entre las hojas secas y el frío del viento nocturno. Aturdido y herido, intentó ponerse de pie, llamando a su hija.
Pierre: (gritando con desesperación) "¡Carol! ¡Carol!"

***

Dentro de la mansión, Carol escuchó los gritos de su padre, pero ya no podía alcanzarlo. Las puertas estaban selladas, y la mansión la había reclamado por completo. Ella sabía lo que había hecho, había ofrecido su alma por la libertad de su padre.

Guillaume Devereaux miraba a Carol, sabía lo que sentía: cuando las puertas de la mansión se cierran, abandonad toda esperanza. Una vez Bellefleur te encierra, te arrebata todos tus deseos y sueños para siempre. ¡El futuro se acaba aquí y ahora!. 

Guillaume Devereaux: “-Comienza la era de la eternidad, mademoiselle Duvalier, bienvenida a la familia de los malditos!-” ( dijo en silencio)

***


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