Odasiri. Capitulo 4. El Fantasma del parque.


Club de los Fantasmas Cruzados - Bajo las Sábanas, 1988

Los cuatro chicos - Marcos, Daniel, José y Santi - se preparaban para una de sus charlas nocturnas habituales. Con los walkie-talkies bajo las sábanas, listos para sumergirse en otra noche de historias de miedo, el silencio del barrio amplificaba cada susurro.

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Marcos (con voz baja y seria): ¿Están todos en línea?

Daniel: ¡Aquí, capitán! Reportándome desde la base... eh... desde mi cuarto.

José: ¡Yo también estoy! Apagad las luces, esto va en serio...

Santi (casi susurrando): ¿Apagadas? ¿Ustedes duermen con las luces apagadas? Eh... yo también. Totalmente.

Marcos: (sonriendo) Bien, bien. Ahora, escuchen... ¿se acuerdan de la historia que nos contó el abuelo de Daniel, la del hombre de las sombras que se le aparecía a la gente en los pasillos del hospital?

Daniel: Sí, sí. ¿Cómo era? ¿Que si lo mirabas a los ojos, podías ver tus propios miedos reflejados en él?

José: Algo así... pero a mí me dijo que si lo veías tres veces, ¡se aparecía en tu casa después!

Santi (traga saliva): ¿Tres veces? ¿Quién podría verlo tres veces y no salir corriendo?

Marcos: Bueno, pero no era tan simple, ¿saben? Tenías que estar solo, de noche, sin nadie cerca... y entonces, aparecía, como si viniera desde el lugar más oscuro de la habitación.

Daniel: ¡Sí! Y mi abuelo dijo que lo vio una vez, cuando era enfermero. A las tres de la mañana. No había nadie en el pasillo… y allí estaba, en la esquina, sin moverse.

Santi: ¿Y entonces qué hizo?

Daniel: Se quedó quieto, sin respirar, tratando de convencer a sus pies de moverse. Pero él no podía apartar la vista… decía que era como si su propio reflejo lo mirara.

José: Bah, ¡eso no es nada! Yo he visto cosas peores en el videoclub… como en la peli esa, Pesadilla en Elm Street. Si te quedas dormido, Freddy viene y ¡zas!, te pilla en tu sueño y te convierte en pedacitos.

Marcos: ¿Y cómo sabes tú que Freddy no está ahora mismo, esperando que nos quedemos dormidos?

Santi (nervioso): Ustedes sí que saben asustar, ¿eh? Yo... yo siempre me he preguntado si algo así puede pasar de verdad. Oigan, ¿y si existe? Freddy, o alguien como él... alguien que nos observa mientras hablamos.

José: Bah, Santi. Todo el mundo sabe que Freddy solo viene si te quedas dormido.

Daniel (imitando la voz de Freddy): Uno, dos, Freddy va por ti...

Marcos: Tres, cuatro, cierra bien la puerta…

Santi: ¡Paren! Esto ya no es gracioso, en serio.

José: Vale, vale, tranquilos... cambien de tema. ¿Vieron Poltergeist? Esa peli tiene algo que no sé explicar. ¿Por qué las casas siempre esconden secretos? Como si alguien hubiera quedado atrapado ahí, entre las paredes.

Marcos: Sí, los poltergeists. Según lo que leí, son espíritus que nunca logran irse, y a veces... a veces regresan porque tienen algo pendiente.

Daniel: ¿Algo pendiente? Suena a mi profe de Matemáticas. Seguro que él también es un poltergeist.

José: Pues dicen que esas cosas pueden pasar en cualquier lado. Que el otro día, cerca de aquí, alguien escuchó ruidos extraños en la fábrica abandonada... luces que se prendían y apagaban. Y algunos dicen que vieron sombras moviéndose dentro.

Santi: Esperen… ¿la fábrica al final del callejón? La que cerraron hace años. ¿Por qué había luces ahí?

José: Buena pregunta, amigo. ¿Y por qué había sombras?

Daniel: Chicos, debemos investigar. Podríamos ir mañana al final de las clases. Ya saben… por si acaso.

Marcos (con voz decidida): Entonces, queda decidido. Mañana, después de clases, los Fantasmas Cruzados van a descubrir qué esconde la vieja fábrica.

Una noche, ya pasadas las doce, el Club de los Fantasmas Cruzados se reunió como de costumbre a través de sus walkie-talkies. Desde debajo de sus sábanas y con las luces apagadas, sus voces susurraban historias de miedo mientras el mundo dormía.

Marcos: (voz temblorosa) “Entonces… ella abrió el armario y… ¡bam! ¡Ahí estaba el fantasma!”

Santi: (riendo) “Esa historia ya la contaste, tío. Pero esta vez, haz que el fantasma haga algo más espeluznante.”

José: “Bah, seguro que era solo el viento moviendo la puerta… siempre decimos que es un fantasma y después es solo eso, viento. O una sombra.”

Daniel: “A ver… chicos, esperen… creo que he visto algo.”

Marcos: “¡No empieces! Seguro que quieres asustarnos con alguna tontería.”

Daniel: (con voz baja y tensa) “No, en serio. Estoy mirando por mi ventana, al parque de enfrente… justo donde está el viejo columpio. Algo raro está ahí.”

Un silencio profundo cruzó el canal de walkie-talkie, y hasta el más valiente contuvo la respiración.

Santi: (sorprendido) “¿Lo dices en serio, Daniel? ¿Qué ves?”

Daniel: “Hay… algo moviéndose. No es una persona, no lo creo. Y no es un perro. Es… no sé, una sombra, pero parece que brilla… se ve a lo lejos.”

José: “No hay nada en el parque a estas horas. Solo estás viendo reflejos o alguna tontería.”

Daniel: “¡No es un reflejo! Se está moviendo en círculos… y como que… ¡esperen! Creo que miró hacia acá… ¡y se detuvo!”

Marcos: “¡No digas eso, tío! ¿Te imaginas si de verdad es un fantasma? ¿Qué hacemos?”

Santi: “¿Lo has visto claro? ¿O es solo tu imaginación? Podríamos… podríamos ir a investigar, ¿no?”

Daniel: “Yo… no sé. Está justo bajo la luz de la farola. Les juro que tiene como una especie de… ¡oh, no! ¡Se está yendo hacia los árboles!”

Los cuatro chicos respiraban en sus walkie-talkies, con la adrenalina subiendo al imaginar lo que Daniel describía.

José: “Entonces, ¿vamos o no? ¿Vamos al parque a investigar?”

Marcos: “¡No! ¿Y si de verdad es un fantasma? Podríamos acabar atrapados por siempre en el parque… o peor, podría seguirnos a casa.”

Daniel: “Bueno, no sé si quiero ir… pero tampoco me quiero quedar sin saber qué era. A ver… ¿nos vemos en la esquina en diez minutos?”

Santi: “Está bien, pero si mañana somos fantasmas, será tu culpa, Daniel.”

Uno por uno, cada miembro del Club de los Fantasmas Cruzados dejó la seguridad de sus camas y salió al encuentro. Caminaban con linternas, pero manteniéndose en la sombra, con el corazón latiendo con fuerza. Y aunque todos lo negaran, en el fondo estaban emocionados por saber qué era esa misteriosa figura que parecía haberlos llamado desde el parque.

***En el lugar del fantasma***

(Los cuatro chicos se reúnen en la oscuridad del parque, sus linternas apenas iluminan el camino, y una brisa fría recorre el lugar. Santi observa con nerviosismo hacia los árboles, mientras Daniel examina cada sombra con una mezcla de curiosidad y miedo.)

Santi: (temblando) "Chicos, yo se los dije… ¡esto es una mala idea! ¿Recuerdan lo que pasó cuando fuimos a la vieja fábrica? Desde esa noche, siento que algo nos sigue…"

Marcos: (riendo) "Sí, sí, Santi, y apuesto a que ese 'algo' no es el fantasma… sino tu hermana, siguiéndote a todas partes como siempre. ¿Cuántas veces la encontraste detrás de la puerta espiándote?"

Santi: (molesto) "¡Calla, Marcos! Eso no tiene nada que ver. Y sabes que ella solo estaba tratando de ver si yo tenía el valor de ir a la fábrica. A diferencia de ti, que casi te haces encima cuando oímos el ruido en el sótano."

José: "¡Cállense, los dos! ¡No necesitamos asustarnos más de lo que ya estamos!"

Daniel: (susurrando, mirando alrededor) "Chicos… si lo que vimos en la fábrica era de verdad, lo que está aquí puede ser aún peor. ¿Saben lo que cuenta la leyenda? Este parque, todo este lugar, era un antiguo cementerio indio. Hace muchos, muchos años."

Los chicos lo miran con escepticismo y terror al mismo tiempo, y la noche se siente aún más oscura.

Marcos: (nervioso, bromeando) "Vamos, Daniel. ¿Un cementerio indio? Eso suena a peli barata de terror… Estamos en Cornellá de Llobregat, no en una película de los ochenta."

Daniel: (serio) "No, en serio. Lo leí en la biblioteca. Aquí hubo un antiguo asentamiento indígena hace siglos, antes de que construyeran las primeras casas del pueblo. Y dicen que la gente que se atreve a venir al parque de noche... bueno, muchos han desaparecido. Sus almas… atrapadas."

José y Santi intercambian miradas nerviosas, y todos comienzan a mirar sobre sus hombros, el susurro del viento ahora parece un gemido lejano.

Santi: (susurrando) "Entonces… ¿eso significa que si el fantasma nos ha seguido… tal vez quiere que volvamos? ¿O peor, que nunca salgamos de aquí?"

Un sonido cruje cerca de los árboles, y todos se quedan inmóviles, conteniendo el aliento. Marcos intenta bromear para calmar los ánimos, pero su voz tiembla.

Marcos: "Mira, Santi… a lo mejor es tu hermana otra vez, siguiéndonos. ¿Te imaginas? Quizás ella es el verdadero fantasma."

Santi: (molesto, pero con miedo) "No te pases, Marcos. Esto es serio. Yo no quiero quedarme atrapado aquí. Lo que sea que hay… lo siento."

José: (con tono decidido, aunque su mano tiembla) "Ya basta, chicos. Vinimos a descubrir lo que está aquí. ¿No somos el Club de los Fantasmas Cruzados? ¡Entonces que nos crucemos con él!"

Daniel: (mirando hacia la sombra) "Eso es… si tenemos el valor de seguir adelante."

Y así, en la oscuridad de aquel parque, los cuatro amigos avanzan con el corazón latiendo a toda velocidad, con las linternas parpadeando y las leyendas de cementerios antiguos y espíritus atrapados resonando en sus mentes. Cada paso les recuerda que, aunque todo parezca solo un juego, en la profundidad de la noche, el misterio parece ser más real que nunca.

(Mientras el grupo de chicos avanza lentamente por el parque, con las linternas temblorosas y el corazón en la garganta, oyen un crujido en la oscuridad detrás de ellos. Se dan la vuelta rápidamente, apuntando con sus linternas hacia el sonido… y ahí, entre los árboles, aparecen cuatro figuras, también con linternas en mano.)

Lore: (con una sonrisa burlona) “¿Y estos qué? ¿Qué hacen aquí? ¿Los ‘valientes’ del Club de los Fantasmas cruzados se han perdido?”

Santi: (susurrando a los chicos) “Genial, justo lo que nos faltaba… mi hermana y sus amigas.”

Mónica: (con un brillo en los ojos) “¡A ver, ‘club de fantasmas’! Nosotras también veníamos al parque, aunque parece que los asustados son ustedes.”

Vane: (cruzada de brazos) “Sí, sí, claro. Seguro iban camino a casa, muertos de miedo, después de que nos escucharon acercarnos.”

Marcos: (intentando hacerse el valiente) “¿Miedo? Nosotros… no le tenemos miedo a nada. Estamos aquí porque… bueno, investigamos cosas serias, ya saben. Cosas de las que ustedes ni entenderían.”

Patri: (mirando a Lore con una ceja levantada) “Ah, sí, seguro. Investigando ‘cosas serias’... ¿como cuando casi sales corriendo de la fábrica, Marcos?”

Santi: (resoplando) “Vale, ya, dejadnos en paz. ¿Qué hacéis vosotras aquí? ¿Acaso el club de las chicas cotillas no tiene otro sitio al que ir?”

Lore: (con una risa) “Y tú, hermanito, ¿crees que podríamos perdernos una aventura como esta? Nosotras sí sabemos lo que pasó aquí hace años… tal vez más que ustedes.”

Daniel: (curioso) “¿Ah, sí? ¿Qué sabéis que nosotros no sepamos? Porque dicen que este parque era… un cementerio indio.”

Vane: (haciendo una mueca) “¿Cementerio indio? Pero si estamos en Cornellá, no en una película americana. Lo que pasó aquí fue diferente, según nos contó mi abuela.”

Mónica: “Sí. Dicen que aquí, hace muchos años, desaparecieron unas personas… en el mismo lugar donde está la vieja fábrica. La gente del pueblo dice que sus almas no encontraron paz.”

Los chicos se miran entre sí, intentando disimular su nerviosismo. De repente, el ambiente se siente más tenso.

Marcos: (escarbando en sus bolsillos para encontrar algo de valor) “Vale, vale… pero es solo una leyenda, ¿no? A ver si ahora vais a decir que sois expertas en fantasmas también.”

Patri: (señalando algo detrás de ellos) “¿Entonces eso qué es?”

Los chicos giran de inmediato, apuntando con sus linternas hacia una sombra que parece moverse entre los árboles. Pero cuando sus luces alumbran la zona, no encuentran nada.

José: (con un tono serio) “A ver, chicas. Nosotras no tenemos miedo… ¿y vosotras?”

Lore: “Por supuesto que no. De hecho, queremos ver si tienen el valor de entrar a la fábrica de nuevo. ¿O nosotras también tenemos que ser las ‘fantasmas cruzadas’?”

Daniel: (dándose cuenta de que la noche puede ir a más) “¿Entonces qué? ¿Vamos o no? Si vamos todos juntos, nada puede pasarnos… ¿no?”

Mónica: (mirando a las demás chicas) “¿Preparadas para ver si estos chicos realmente son valientes?”

Y así, los cuatro chicos y las cuatro chicas se miran con mezcla de desafío y camaradería, sabiendo que aquella noche en el parque sería una aventura que no olvidarían. Se internan en la oscuridad, sus risas y bromas resonando en el silencio, cada uno con el corazón latiendo rápido, y con la sensación de que, juntos, pueden enfrentarse a cualquier cosa, incluso a los misterios de la vieja fábrica.

Lore miró a su alrededor y notó que sus amigos comenzaban a bromear y relajarse, y no pudo evitar fruncir el ceño. Alzó la voz para llamarlos de vuelta a la realidad:

Lore: “A ver, chicos, estamos aquí para una misión. Y si supieran lo que sé, no estarían riendo… sino preparados. Porque esta fábrica tiene una historia que nadie conoce, y hoy no es la primera vez que alguien se atreve a entrar.”

Todos se detuvieron y la miraron con ojos curiosos, hasta que Lore, con una expresión sombría, comenzó su relato.

Lore: “Dicen que hace muchos años, allá por los años 50, esta fábrica no era un lugar cualquiera. A plena luz del día, claro, todo parecía normal, pero durante las noches sucedían cosas… cosas extrañas. La gente en el pueblo comenzó a notar desapariciones, primero de trabajadores y luego de cualquiera que pasara por los alrededores después de medianoche. Nadie hablaba de ello, pero todos sabían que algo oscuro se escondía aquí.”

El grupo se acercó, completamente inmerso en la historia, mientras la niebla parecía espesar a su alrededor. Lore continuó con un tono aún más bajo:

Lore: “La última persona que desapareció fue un vigilante de nombre Anselmo. Él había sido contratado para cuidar la fábrica y asegurarse de que nadie entrara. Pero una noche, la última noche que trabajó aquí, un vecino lo oyó gritar. Gritó… como si hubiera visto algo que no podía explicar. Y lo peor es que nadie lo encontró jamás.”

Una brisa helada sopló y todos los chicos se estremecieron, pero continuaban escuchando atentamente.

Lore: “Algunos dicen que el espíritu de Anselmo se quedó aquí, atrapado en esta fábrica, esperando que alguien lo liberara. Que lo que él vio era algo… fuera de este mundo. Un espectro que caminaba entre las sombras y que parecía moverse con el viento, como si fuera una especie de ser de humo que siempre estaba acechando. Los antiguos del pueblo decían que a veces, cuando el viento sopla por la fábrica, puedes verlo moviéndose entre las ruinas… buscando a quien lo liberara.”

Mientras hablaba, algo en el viento comenzó a moverse. Una sombra larga y serpenteante ondeaba en el aire, como si estuviera viva. Todos se quedaron quietos, sin saber si lo que veían era real o el efecto de la historia de Lore. Las bromas cesaron y sus ojos, grandes y temerosos, se clavaron en aquella forma negra que parecía flotar a lo lejos.

Santi: (con la voz temblorosa) “¿Eso… eso es el espíritu de Anselmo?”

Lore respiró hondo, y por un momento, hasta ella dudó de si aquello era realmente un truco de la luz o… algo más.

Lore: (susurrando) “No lo sé… pero no se muevan…”

La sombra flotaba, avanzaba, ondulaba entre los muros en ruinas como si los vigilara. Durante unos segundos, el grupo permaneció congelado, hasta que una ráfaga de viento la arrastró y la elevó un poco más, y finalmente pudieron ver lo que realmente era: una tela vieja y deshilachada, una bandera rota de algún antiguo estandarte industrial, que ondeaba solitaria en la oscuridad de la fábrica.

Lore: (respirando aliviada y riendo suavemente) “Parece que esta vez el fantasma no era más que una tela rota… al menos esta vez.”

Los chicos rieron nerviosos, sintiendo cómo la tensión se disipaba y regresaba la familiaridad de la amistad. Pero mientras se alejaban, todos sentían que aquella noche había dejado una marca en sus recuerdos.

Los Fantasmas Cruzados caminaban de regreso, aún con la adrenalina en el cuerpo después de la historia de Lore. Santi miró a Daniel y rompió el silencio con una sonrisa pícara.

Santi: "¿Así que… casi nos morimos de miedo por un trapo viejo? No puedo esperar a contarlo mañana en clase."

Marcos: "Sí, porque claro, Santi, seguro todos creerán que estabas a un paso de enfrentarte al 'espíritu de Anselmo.' Solo te faltó un poco más de… bueno, valor."

Santi: "¡Ey, ey! Yo estaba tan preparado como cualquiera de ustedes. Es más, si hubiera sido un fantasma de verdad, yo… yo le habría dado una buena charla de… de… respeto por el espacio personal. ¡Eso!"

Todos se rieron mientras Santi ponía una cara de falsa valentía. En eso, Daniel decidió intervenir y cambiar de tema.

Daniel: "¿Por cierto, qué vamos a hacer la próxima vez? Nos quedan todavía unos cuantos sitios espeluznantes en la lista. La vieja biblioteca, el cementerio…"

Marcos: (interrumpiendo) "O el sótano de la abuela de Santi. Dicen que si escuchas bien, oyes sus ronquidos a kilómetros."

Santi: "¡Ya! Mis ronquidos son de familia, ¿vale? Es un talento hereditario."

En ese momento, las chicas se unieron al grupo y les lanzaron miradas divertidas. Lore, que ya estaba un poco cansada de tanto misterio, propuso una idea.

Lore: "Bueno, chicos, se nota que necesitan algo de ayuda para no morir de miedo. Nosotras podríamos ser su refuerzo… o mejor dicho, su competencia. Les presentamos oficialmente a nuestro equipo: ¡Las Misteriosas! Nosotras no investigamos cualquier historia de terror, solo los casos… de calidad."

Marcos: (con una sonrisa burlona) "¿Ah, sí? ¿Las Misteriosas? ¿Y qué hace falta para formar parte de este club tan exclusivo? ¿Tener una bufanda de Harry Potter y una linterna con purpurina?"

Vane: "Oye, que esta linterna de purpurina ha resuelto más misterios de los que tú resolverías en toda tu vida. ¿No te gusta? No es para los débiles."

Daniel y Patri comenzaron a reírse mientras Lore levantaba las cejas, dándole a entender que hablaba en serio.

Patri: "Deberíamos hacer una competencia entonces. Fantasmas Cruzados contra Las Misteriosas. Un caso cada semana, y quien resuelva más, gana."

Mónica: "¡Sí! Y el equipo perdedor paga las pizzas… durante un mes."

Marcos: "¿Pizzas, dices? Eso no es un reto, ¡es una tragedia! ¿Qué les parece si apostamos algo menos peligroso, como… no sé, lavar la bici de Santi?"

Santi: "¡Ey, ey, ey! Mi bici no ha hecho nada, déjenla en paz. Además, ¿quién dice que vamos a perder? ¡Los Fantasmas Cruzados no conocen el miedo!"

Lore: "¿El mismo grupo que casi llora por un trapo colgado en la fábrica? Sí, claro, súper valientes."

Todos estallaron en risas y siguieron caminando juntos, riendo y bromeando. La competencia estaba sobre la mesa, y aunque los retos serían muchos, sabían que, juntos, se enfrentarían a cada misterio con el mismo espíritu. Aquella noche, mientras el viento soplaba suavemente, se sintieron listos para cualquier aventura que el futuro les trajera.

Mientras el grupo se alejaba de la vieja fábrica, las risas y las bromas llenaban el aire, disipando cualquier rastro de miedo. Las linternas temblaban en sus manos, iluminando los caminos irregulares que llevaban de regreso al barrio. Pero justo cuando todos estaban a punto de doblar la última esquina, Santi se dio la vuelta, lanzando una última mirada a la fábrica.

Santi: (sarcásticamente) "¡Hasta luego, 'fantasma'! Cuídate esa sábana que llevas puesta."

Las chicas y los chicos estallaron en carcajadas, sus voces resonando bajo el cielo estrellado. Sin embargo, cuando el grupo se perdió finalmente entre las sombras, el lugar quedó en silencio, una quietud que parecía envolver la fábrica misma.

Una tenue luz parpadeó desde una de las ventanas rotas en el segundo piso, como si una sombra se deslizara por allí. Justo donde habían estado ellos hacía tan solo unos minutos, se escuchó un leve sonido, como un susurro arrastrado por el viento.

Y en la pared interior, que daba hacia el parque donde todo había comenzado, una figura apenas visible, como el contorno de una persona, permanecía inmóvil, observando en dirección a donde ellos se habían marchado. Por un momento, la figura parecía levantar una mano, como si saludara o despidiera a los intrépidos jóvenes. Luego, desapareció en la penumbra, sin dejar más que un leve rastro de frío en el aire.

A veces, lo desconocido permanece justo a la vista, esperando. Como diría Heráclito: "La naturaleza ama esconderse.”

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