Belleflur.Capitulo 14: Valerius Aquilino



El libro de Aqua et Cor fue escrito por Valerius Aquilinus, un erudito y filósofo romano que vivió en el siglo I a.C., en una época de intensos conflictos y transición en Roma. Valerius era un hombre fascinado por los secretos de la vida y la muerte, por el poder del amor y por las antiguas tradiciones de pueblos como los Valenios, de quienes recogió la leyenda de Aqua et Cor. Obsesionado con el potencial de este pacto, pasó años investigando, recopilando leyendas, y entrevistando a aquellos que decían conocer los misterios más profundos del alma y los pactos eternos.

Valerius no era solo un estudioso, sino también un hombre marcado por su propio dolor. La leyenda cuenta que perdió al amor de su vida, una mujer llamada Cassia, en circunstancias trágicas. Este duelo personal lo empujó a buscar formas de desafiar la muerte, de reencontrarse con su amada más allá del tiempo y el espacio. Su búsqueda lo llevó a explorar los rituales antiguos y a estudiar los conocimientos de las civilizaciones anteriores, que hablaban de conexiones místicas entre almas gemelas, de pactos de amor eterno y de reencarnación.

En sus escritos, Valerius advirtió sobre los peligros de Aqua et Cor, la necesidad de pureza y el peligro de una promesa rota. Su obra, llamada originalmente "De Vinclis Animarum" (Sobre los Lazos del Alma), fue pensada como un tratado filosófico y místico, una advertencia sobre los peligros del amor egoísta y una guía para aquellos que desearan comprender el pacto. Sin embargo, con el tiempo, el libro cayó en manos de aquellos que buscaban manipular su poder. Algunas copias sobrevivieron, siendo ocultadas o transmitidas en secreto, hasta llegar finalmente a manos de la familia Flavia, que lo conservó como un tesoro familiar y, más tarde, lo pasó a los Roucheverneaux.

Valerius Aquilinus escribió el libro como una guía para aquellos que deseaban explorar los lazos eternos del alma, pero también como una advertencia. Al final de su vida, dejó instrucciones de que el libro fuera escondido, temiendo que cayera en las manos equivocadas. Pero, como suele suceder con los secretos oscuros, sus advertencias no fueron escuchadas, y el conocimiento de Aqua et Cor se convirtió en una maldición para aquellos que intentaron dominarlo sin comprenderlo.

***
Mientras Etienne lee el libro Aqua et Cor...

"Ah, el amor… Esa fuerza tan potente que ni siquiera los dioses pueden resistir. A menudo se dice que el amor es la fuerza más poderosa del universo, pero lo que rara vez se dice es que también es la más caprichosa, la más delicada. Incluso los dioses, aquellos seres eternos, los que viven en las alturas y miran con ojos impasibles, sucumbieron a su encanto y, a veces, se atrevieron a desafiar sus propias reglas. Porque ni siquiera ellos, los que lo controlan todo, pueden eludir el tirón inevitable del amor.

Tomemos a Isis y Osiris en el antiguo Egipto… Dos dioses entre los más poderosos, destinados a amar y a proteger a su pueblo. Cuando Osiris fue asesinado por su propio hermano Seth, Isis, su esposa y hermana, desafió las leyes de la muerte misma. Ella reunió cada fragmento del cuerpo de Osiris, cada trozo, cada partícula, en un acto de amor y devoción que resonaría en el tiempo. Y mediante su amor y su magia, Osiris regresó de la muerte, aunque no pudo quedarse en el mundo de los vivos. Convertido en el dios del inframundo, Osiris yacía separado de Isis, mientras su amor desafiaba el límite entre la vida y la muerte, un amor que ni siquiera la muerte podía borrar. Fue una prueba de la naturaleza impredecible del amor, de su poder para romper reglas, de su capacidad para trascender cualquier muralla, por infranqueable que pareciera.

Pero Isis y Osiris no son los únicos. Los antiguos también contaban la historia de Inanna y Dumuzi en Mesopotamia. Inanna, la diosa del amor y la fertilidad, descendió al inframundo en busca de poder, pero el inframundo tiene sus propias reglas, y los dioses de las profundidades no toleran intrusos. Para regresar, Inanna necesitaba entregar un alma, y fue su propio amante, Dumuzi, quien ocupó su lugar en las sombras. Durante una parte del año, Dumuzi permanece en el inframundo, y su amor se renueva cuando Inanna desciende a buscarlo, una y otra vez. Dos almas unidas por el amor, separadas por los ciclos de la vida y la muerte, en un destino caprichoso e inexorable.

Incluso en el mundo lejano de los dioses chinos, el amor desafía las reglas. Se dice que Xiwangmu, la Reina Madre del Oeste, se enamoró de un mortal, el emperador Mu Tianzi. Pero ella era inmortal, y él estaba destinado a morir, a desvanecerse, como todo humano. Aunque su amor era verdadero, y ambos lo sabían, se despidieron con la promesa de que sus almas se encontrarían cuando el tiempo lo permitiera. Su amor desbordaba las leyes del destino, un amor que se negaba a morir, aún en su fragilidad.

Y es que el amor es así, es tan fuerte como el acero y tan delicado como una flor en el desierto, una fuerza que puede soportar la muerte misma y, a la vez, extinguirse con el viento más suave. Esa misma verdad, ese misterio insondable, era lo que Etienne leía en ese libro viejo y ajado, escrito por Valerius Aquilinus, un filósofo romano que intentó plasmar los secretos de Aqua et Cor. Valerius, un hombre que vivió y murió en la soledad, escribió el tratado más completo sobre los pactos de amor eterno. Un hombre marcado por la pérdida de su amada, Cassia, cuya muerte lo llevó a buscar los misterios más antiguos de la vida, de los dioses, y del amor.

...Pero el libro estaba incompleto. Faltaban hojas, páginas arrancadas o perdidas a lo largo de los siglos, y Etienne, ansioso y atormentado, no encontraba las respuestas que buscaba. Sus manos temblaron mientras pasaba las hojas, cada una de ellas un susurro de promesas y advertencias, de amores eternos y condenados. Hasta que, en un momento de furia, cerró el libro de golpe y lo lanzó contra la mesa, dejando escapar un grito de rabia. En ese instante, algo oscuro despertó en su interior: sus ojos parecieron encenderse de rojo, sus manos temblaron de una forma antinatural, y sus colmillos se revelaron en un destello de furia, como si una bestia oculta en su alma estuviera reclamando libertad.

Y entonces, en el silencio, algo inesperado sucedió.

Una hoja suelta, aparentemente olvidada entre las páginas, salió flotando del libro con la delicadeza de una hoja de otoño. Cayó lentamente, balanceándose en el aire como si un suspiro la sostuviera. Al tocar la mesa, Etienne la miró y vio que no era una página cualquiera. Era un dibujo, un mapa esquemático. En el centro, un símbolo que parecía girar y retorcerse sobre sí mismo: la Serpiente Celeste. Un lugar, un emblema, una clave. Su corazón se aceleró al reconocerlo como algo más que un simple dibujo: era el inicio de una nueva búsqueda, una pista perdida, un destino que podría llevarlo a encontrar las respuestas que tanto anhelaba, y tal vez, a liberar su alma del ciclo eterno en el que estaba atrapado.

Etienne observó el dibujo y sintió que la esperanza, que había estado apenas encendida como una chispa, ahora era una llama que lo llamaba desde el fondo de la oscuridad. La Serpiente Celeste… un lugar donde todos los pactos de amor y destino, de vida y muerte, podían cruzarse, como los caminos de aquellos amantes antiguos que desafiaron a los dioses. Etienne sabía que, si existía alguna oportunidad de entender el verdadero significado de Aqua et Cor, debía encontrar ese lugar. Porque en la Serpiente Celeste, los dioses, los mortales y el amor mismo confrontaban sus propios límites… y tal vez, allí, el amor podría ser algo más que una condena o una promesa incumplida.


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