Habitación 333. introducción, capitulo 1.
Aclaración. Nota del autor:
“Habitación 333” es una obra de ciencia ficción.
La historia que vas a leer es completamente ficticia. Los personajes, los eventos sobrenaturales y las situaciones descritas nacen de la imaginación del autor y no representan hechos reales.
Sin embargo, muchos de los datos iniciales, como los porcentajes sobre trastornos neurológicos y psicológicos durante la pandemia, están basados en investigaciones, estudios y estadísticas reales. Se han incluido para dar mayor profundidad y realismo al contexto en el que se desarrolla la novela.
Esta obra es una fusión entre la ficción psicológica y la especulación científica, inspirada en hechos documentados pero transformados para crear una narrativa única.
Si encuentras elementos que te parezcan inverosímiles o imposibles, recuerda: estás leyendo una historia donde la ciencia y la imaginación caminan juntas.
Gracias por entrar en Habitación 333.
Bienvenido a un lugar donde los verdaderos límites no los marca la realidad… sino la mente.
***
El número
El tres es armonía..
Es el Padre, el Hijo y el Espíritu.
Es el principio, el medio y el final.
Es equilibrio.
Tres veces tres es un eco en la geometría del universo. Un umbral.
Un número que no es solo un número.
Un signo que no es solo un signo.
No aparece al azar.
No se encuentra por casualidad.
No tiene paredes, pero encierra.
No tiene ventanas, pero te observa.
No tiene puertas, pero se entra.
No tiene tiempo, pero es eterna.
Es un espacio sin espacio. Un punto fijo en la geometría de lo imposible.
No se construyó.
No fue diseñada.
No existe… pero está ahí.
Introducción
Año 2020.
SARS-CoV-2
Durante la pandemia, más de 6,9 millones de personas perdieron la vida.
Cerca de 400.000 personas en todo el mundo desarrollaron secuelas neurológicas y psicológicas documentadas.
Los episodios psicóticos aumentaron un 45%.
Nos dijeron que nos quedáramos en casa.
Que el peligro estaba afuera. En las calles. En los hospitales. En las escuelas....
Nos advirtieron del virus biológico...
Pero no nos advirtieron del virus más primitivo...
...."El miedo".
Cita
"La vida de cada persona era como estar en un teatro.
Solo. A oscuras.
Viendo una pantalla.
Una pantalla donde la película, era la verdad.
Y los subtítulos... los ponía el miedo.
Y no había nadie a tu lado para comentarla.
Solo tú... y tus pensamientos."
( Anónimo. Junio del 12 del 2020)
**** Día
Barcelona,
Marzo del 2020
Locutora (voz en off):
"Durante el confinamiento, nuestro programa realizó una encuesta anónima a más de 12.000 oyentes.
Les preguntamos: ¿cuál fue su mayor miedo durante la pandemia?"
Resultados proyectados en pantalla (mientras se ven imágenes de calles vacías, respiradores, manos temblorosas):
42% respondió: Perder el trabajo
37% respondió: Quedarse sin dinero
19% respondió: Una invasión extraterrestre
Locutora:
"Una respuesta curiosa, ¿no les parece?
Por eso hoy hemos invitado al doctor Salvatore DiLuca, neuropsiquiatra y divulgador. Doctor, ¿cómo se explica esto?"
Dr. DiLuca (voz serena, pero firme):
"No me sorprende.
Vivimos en una era de hiperconexión e hiperdesconexión.
La realidad se mezcla con la ficción hasta que ya no distinguimos lo que nos aterra... de lo que ya está dentro de nosotros.
Pero no culpo a nadie. No es ignorancia.
Es un síntoma.
Vemos monstruos con colmillos, pero los verdaderos viven en silencio:
se llaman insomnio, ansiedad, culpa, trauma...
Y todos encontraron la forma de colarse en nuestras casas durante la pandemia.
La ansiedad ocupó las sillas vacías de nuestras cocinas.
El insomnio se metió bajo nuestras sábanas.
Y la soledad... se sentó a nuestro lado como un huésped invisible.
Ahora le pregunto yo a ustedes..."
(Pausa. Silencio en el programa. Zoom a los ojos del Dr. DiLuca)
"¿Y si el verdadero enemigo no fue biológico,
sino psicológico?"
***
Hospital de Martorell, Barcelona.
Marzo de 2020.
La lluvia caía con fuerza, golpeando el parabrisas con ráfagas desordenadas. Las gotas se deslizaban por el cristal como pequeños ríos, fracturados por la vibración del motor.
El coche se detuvo bruscamente en la entrada de Urgencias. Las luces de neón teñían el asfalto mojado con un resplandor blanquecino y distorsionado.
Leo Casamajor Gutiérrez saltó del asiento antes de que el motor se apagara por completo. Corrió hacia la puerta del copiloto, sintiendo cómo la lluvia la empapaba en segundos. El frío del agua se mezcló con la adrenalina que le quemaba el pecho.
—Carlos… —susurró, con la voz entrecortada, sujetando la mano temblorosa de su marido.
Carlos Montiel García, 34 años, tenía los labios azulados, la piel cubierta de un sudor frío y la respiración errática. Su pecho se hundía con dificultad, como si le costara atrapar el aire. La lluvia empapaba su ropa, pegándola a su piel helada.
No hubo tiempo para preguntas.
Dos sanitarios con EPIs completos salieron del área de Urgencias y se acercaron al coche con pasos rápidos pero controlados. Sus trajes blancos brillaban bajo las luces húmedas del hospital. Las gafas de seguridad estaban empañadas.
Uno de ellos abrió la puerta mientras el otro deslizaba una camilla junto al vehículo.
—¿Cuánto tiempo lleva así? —preguntó el sanitario, su voz amortiguada por la mascarilla.
—Desde anoche. Está peor. Apenas puede… apenas puede respirar… —la voz de Leo se quebró.
El sanitario palpó el cuello de Carlos, luego tomó su muñeca. Piel fría. Pulso acelerado.
—Saturación de oxígeno: 84 %. —informó el otro sanitario tras colocar un oxímetro en el dedo de Carlos.
—Hipoxia severa. Avisad a Unidad Crítica.
La lluvia golpeaba la camilla cuando lo movieron. Las gotas explotaban sobre el metal, convirtiendo cada sonido en un eco inquietante.
Leo intentó seguirlos, pero uno de los sanitarios se interpuso con un gesto firme.
—No puede entrar.
—Pero es mi marido…
—Lo sabemos, pero el protocolo no lo permite. Debe quedarse fuera.
—Pero…
—Le llamaremos para informarle.
La lluvia siguió cayendo cuando empujaron la camilla al interior de Urgencias.
Las puertas automáticas se cerraron de golpe, dejando a Leo en el umbral, con la respiración entrecortada y el cabello pegado al rostro.
El agua resbalaba por su piel, pero el frío que sintió no venía de la tormenta.
Y ahí empezó la espera.
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Ingreso en Urgencias – COVID-19
Unidad Crítica, Hospital de Martorell
Enfermeras y personal médico:
—¿Constantes vitales? —preguntó el doctor mientras se colocaba los guantes.
—Saturación de oxígeno: 84 %, bajo el umbral crítico —respondió la enfermera.
—¿Frecuencia respiratoria?
—Treinta respiraciones por minuto. Taquipnea.
—¿Frecuencia cardíaca?
—Ciento veinte latidos por minuto. Taquicardia.
—¿Temperatura?
—Treinta y ocho con nueve. Tiene fiebre.
—¿Presión arterial?
—Cien sobre sesenta y cinco.
El doctor asintió brevemente.
—Hipoxia severa. Inicien protocolo. Avisad a Unidad Crítica.
Medidas inmediatas:
• Mascarilla de oxígeno a alto flujo para estabilizar la respiración.
• PCR nasofaríngea para SARS-CoV-2.
• Gasometría arterial para evaluar oxigenación y dióxido de carbono en sangre.
• Radiografía de tórax para detectar infiltrados pulmonares.
Diagnóstico:
Neumonía bilateral.
COVID-19 confirmado.
Tratamiento y decisión médica:
Dexametasona y anticoagulantes para reducir inflamación y prevenir trombos.
Ingreso inmediato en planta COVID-19 para monitorización intensiva.
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📕 Protocolo de Información a Familiares
El protocolo hospitalario indicaba:
1. Confirmación del ingreso: Un médico o enfermero debía llamar a la familia para informar que el paciente estaba hospitalizado.
2. Actualización cada 24-48 horas: Dependiendo de la evolución, se darían informes periódicos.
3. Llamada inmediata en caso de agravamiento.
Pero en la práctica…
Los hospitales estaban desbordados.
Las llamadas no llegaban.
Los teléfonos sonaban sin respuesta.
Los nombres de los enfermos se perdían en listas interminables.
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Afuera, la lluvia seguía cayendo.
Leo esperó.
Esperó toda la noche.
Miró su móvil una y otra vez.
Nada.
Hasta que un mensaje llegó a su pantalla:
Remitente: 333
Mensaje: (Vacío)
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