Belleflur. Capitulo 16: La serpiente celeste (Parte 2)



"La Serpiente Celeste… un nombre que evoca tanto el comienzo como el fin, un lugar antiguo, oculto en el corazón del desierto, rodeado por aguas que reflejan los cielos, como si en ese oasis se reunieran la tierra y los cielos en un abrazo eterno. Pero lo que pocos saben —y lo que tal vez Etienne aún no comprende— es que la Serpiente Celeste es más que un lugar. Es un umbral, un sitio de poder donde las almas son enfrentadas a sus propias verdades, y donde, en ese espejo profundo, solo existen dos posibilidades: redención… o condena.

La Serpiente Celeste no fue creada para juzgar, sino para purificar, para permitir que aquellos atrapados en sus propias maldiciones, en sus propios errores, tengan una oportunidad de liberarse. Fue diseñada por un ser antiguo, Nal’Kahaar, uno de los Ancestrales, guardianes del equilibrio universal. Él comprendía que la vida y la muerte no son opuestas, sino una misma línea cíclica. Y así, creó este oasis como un lugar donde ese ciclo pudiera restaurarse, donde las almas atrapadas entre el odio y el arrepentimiento pudieran ser liberadas o enfrentarse a la consecuencia de sus acciones.

Para Etienne, la Serpiente Celeste es una puerta hacia la posibilidad de redención. Él ha estado atrapado, vida tras vida, en un ciclo de dolor, como si las sombras de sus decisiones pasadas lo persiguieran a donde quiera que va. Y el pacto de Aqua et Cor, ese juramento sellado con promesas rotas, con amor contaminado, ha sido su carga, una cadena que ha arrastrado a través del tiempo. Pero la Serpiente Celeste… ella podría ayudarlo. Podría, si es lo suficientemente fuerte, liberar su alma y darle la paz que tanto anhela.

Porque en el corazón de la Serpiente Celeste yace una prueba, una prueba de pureza. Solo aquellos que puedan mirarse a sí mismos sin desviar la mirada, solo aquellos que puedan abrazar sus propios errores y admitirlos sin excusas, solo ellos pueden atravesar el umbral y transformarse. En el centro de ese oasis, donde el agua se arremolina en el símbolo eterno del ouroboros, Etienne podría enfrentarse a su verdadero yo, despojado de máscaras y sombras. Si es capaz de hacerlo, si puede sostener la mirada ante sus propios demonios, encontrará allí la clave para romper la maldición, para liberarse del ciclo de dolor que lo ha atormentado.

Pero… la Serpiente Celeste es también un lugar de castigo para aquellos cuyas almas están demasiado contaminadas, demasiado envenenadas por el odio o el egoísmo. Porque esa misma fuerza que puede purificar, también puede destruir. La tierra sagrada del oasis no tolera la impureza ni el deseo de posesión. Y si Etienne, en lo profundo de su ser, no ha encontrado la humildad para dejar ir su orgullo y su miedo, si el pacto de Aqua et Cor aún pesa demasiado en su corazón, entonces la Serpiente Celeste lo consumirá. La prueba se convertirá en su prisión, y él quedará atrapado para siempre en su propio ciclo de dolor, incapaz de avanzar, de renacer, condenado a un vacío eterno.

La Serpiente Celeste, entonces, no es un lugar de decisiones sencillas. Es un umbral entre el pasado y el futuro, un espacio donde el ciclo de la vida y la muerte, del amor y el odio, se enfrenta a su propia esencia. Para Etienne, este viaje podría ser su única oportunidad de liberarse, de encontrar redención. Pero también podría ser el fin de cualquier esperanza de paz, el lugar donde su alma se desmorone en las arenas del desierto, sin posibilidad de regresar.

Y así, mientras Etienne camina hacia el oasis, lo hace con la certeza de que este es el último intento, el último riesgo que tomará. Porque sabe que la Serpiente Celeste es su salvación… o su condena final."

***

"Tamalfit sabía que acompañar a Etienne en su viaje al oasis de la Serpiente Celeste no sería como ninguna travesía anterior. Había visto la oscuridad antes, había sentido las sombras y el peso de las maldiciones. Pero cuando sus almas se unieron, algo en el aire cambió. De pronto, su mirada pudo ver más allá del hombre que tenía al lado, y entonces, la oscuridad de Etienne se le reveló.

Al principio, solo fue un frío abrasador, una sensación de vacío y sombra, como si una noche infinita viviera dentro de él. Y allí, en ese pozo de oscuridad, Tamalfit percibió la figura de una joven. Era poco más que una silueta difusa, una sombra desdibujada, con el rostro cubierto de ira y ojos que rebosaban hambre y odio. Una niña de apenas dieciocho años, consumida por el rencor de promesas rotas, devorada por el hambre de algo perdido. Entonces, Tamalfit entendió la carga que Etienne llevaba; comprendió el hambre insaciable que lo carcomía desde dentro, consumiéndolo a pesar de su maldición, como si el propio tiempo quisiera cobrarle el precio de cada sombra y de cada mentira.

La noche avanzó rápidamente, y finalmente, cuando los primeros rayos del amanecer se asomaban en el horizonte, los dos hombres llegaron al oasis de la Serpiente Celeste.

Era un paraíso en medio del desierto, una visión tan hermosa como etérea. El agua brotaba de las piedras, formando círculos concéntricos, rodeando un círculo central donde flotaba el símbolo del ouroboros, la serpiente que se muerde la cola. Flores de colores imposibles brotaban entre los peñascos y los juncos, y el aire era tan claro y puro que parecía estar impregnado de una música silenciosa, una melodía que resonaba en el alma, prometiendo algo que escapaba a las palabras. Alrededor del oasis, altos cipreses y palmeras se alzaban como guardianes de este lugar sagrado, y el agua reflejaba el cielo con tanta perfección que al mirar dentro uno sentía que caía al infinito.

Y entonces, desde las sombras, una figura apareció. La sacerdotisa de la Serpiente Celeste los esperaba, una mujer de mirada insondable y una quietud que desbordaba autoridad. Sus ojos parecían atravesar a Etienne, como si pudiera ver más allá de su carne, hasta el corazón mismo de su alma.

Sacerdotisa: "Beban," les dijo, extendiendo hacia ellos varios recipientes de piedra. "Pero sepan que solo uno lleva a la verdad y solo uno lleva a la mentira."

Etienne y Tamalfit intercambiaron una mirada. Ambos comprendían que esta era una prueba no de conocimiento, sino de intuición, de escuchar el llamado de sus propias almas. Etienne cerró los ojos, y tras un instante de duda, tomó el recipiente más pequeño, bebiendo su contenido sin dudar. Era amargo, con un sabor metálico, como si la esencia del propio tiempo fluyera por su garganta, dejando un rastro ardiente que llegaba hasta lo más profundo de su ser.

La sacerdotisa observó, impasible, y sin decir una palabra, los guió hasta un acantilado donde un profundo barranco se extendía, separando la orilla donde ellos estaban de la otra. No había puente ni cuerda, solo un abismo sin fin.

Sacerdotisa: "Solo el que es puro de corazón encuentra el verdadero valor de su destino."

Etienne sintió la intensidad de sus palabras, y sin titubear, dio un paso al frente. En lugar de caer, el vacío ante él comenzó a materializarse bajo sus pies en una franja de piedra clara y brillante, formando un puente que lo guiaba hacia el otro lado. Tamalfit lo observaba, su mirada oscura y silenciosa, como si en ese instante también estuviera comprendiendo algo de la naturaleza de Etienne.

Cuando llegaron al otro lado, se encontraron frente a un círculo de agua. Al inclinarse, Etienne vio en el agua un reflejo: una joven de dieciocho años, de una belleza inquietante, atrapada en una ciénaga. Ella luchaba, sus ojos llenos de terror y súplica, intentando salir de ese barro oscuro. Etienne sintió que algo en su interior se rompía al ver su desesperación, como si una herida vieja y nunca cerrada se abriera de nuevo. Sin pensarlo, extendió la mano hacia el reflejo, como si pudiera alcanzarla a través del agua. Y entonces, la ciénaga desapareció, y él estaba de pie junto a ella, en carne y hueso.

La joven lo miró, aterrada y confundida, pero él, sin vacilar, la rodeó con sus brazos y, en un impulso de ternura, rozó sus labios contra su cuello, un gesto protector, como un consuelo. Pero en el instante en que sus labios la tocaron, algo dentro de él despertó, una hambre atroz y salvaje. Sintió el impulso de morder, de tomar de ella algo que ni él mismo entendía. Antes de que pudiera detenerse, sus colmillos emergieron y se hundieron en su piel, bebiendo de su esencia.

Y entonces, la visión se fragmentó, y un torrente de imágenes lo invadió. En un tiempo lejano, en una Roma antigua, vio a una mujer llamada Carol Duvalier; una revelación de un destino no cumplido, alguien que, en otro tiempo, podría liberarlo. Vio también a Lucilla Flavia, sintió la fuerza del pacto que los unió, el dolor de una lanza que atravesaba su corazón en su intento de salvarla. Los fragmentos de vidas pasadas, de errores y promesas, se mezclaban en su mente, como un rompecabezas que nunca había logrado resolver.

Pero la conexión que había hecho no pasó desapercibida para todos. La entidad oscura, Céline, lo sintió. Desde el rincón donde su sombra se escondía, percibió el beso, y una chispa de comprensión la atravesó. Ella también, aquella joven atrapada en odio y hambre, entendió en ese momento que podría liberarse, que su destino estaba ligado al de Etienne más profundamente de lo que ella misma había imaginado.

De repente, un grito desgarrador rompió el silencio. La sacerdotisa estaba ahí de nuevo, pero su apariencia ya no era la de una simple mujer. Su cuerpo se había transformado, su piel cubierta de escamas brillantes, y su rostro, antes humano, ahora tenía una expresión feroz, como una diosa antigua y reptil. Serpientes emergían de su cabeza y se enroscaban a su alrededor, mientras sus ojos brillaban con ira.

Sacerdotisa: "¡Forastero maldito!" gritó, su voz reverberando como un trueno en el oasis. "¡¿Cómo te atreves a pisar suelo sagrado?!"

Con un movimiento violento, ella lo señaló, y Etienne sintió una fuerza invisible arrojándolo hacia atrás, expulsándolo del oasis. Cada palabra de la sacerdotisa resonaba como un eco de desprecio.

Sacerdotisa: "¡Vete! ¡Tu alma está marcada, contaminada! ¡Eres indigno de la redención de este lugar!"

Y así, Etienne fue lanzado al vacío, alejándose de la paz de la Serpiente Celeste, su última oportunidad de redención desvaneciéndose mientras caía. Pero en su interior, algo había cambiado. Había visto la verdad en su pasado, y sabía que había alguien, en otro tiempo, en otra vida, que tenía el poder de salvarlo. Quizá, en algún momento, su destino lo llevaría a Carol Duvalier, y ella sería la clave para librarlo de la maldición que llevaba.


***


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