Habitación 333.📕 Día 4 ( parte 1)



El sonido de la puerta abriéndose hizo que Leo entreabriera los ojos.
La figura de Esteban apareció en el umbral.

Pero no lo veía como antes.
Su silueta estaba cubierta de pies a cabeza con un EPI blanco, con la pantalla del casco reflejando la luz artificial de la habitación.
Su presencia era extrañamente impersonal. Un astronauta en cuarentena.

Detrás de él, la puerta se cerró con un leve chasquido hermético.
La habitación estaba aislada.

Leo parpadeó.

—¿Cómo te encuentras?

Su voz sonaba más apagada a través de la protección del traje.
Leo tragó saliva. Se sentía bien. Increíblemente bien. Como si su cuerpo nunca hubiera estado al borde del colapso.

—Estoy… bien —respondió con cautela.

Esteban asintió, revisando rápidamente los monitores.

—Tus constantes están perfectas. Lo cual me sorprende… después de lo de anoche.

Leo sintió un escalofrío. Sabía algo.

—No pasó nada anoche —respondió de inmediato.

Esteban la estudió en silencio por unos segundos.

—Ha sido una noche complicada. Solo eso.

Leo quiso preguntar más, pero Esteban puso una mano enguantada en su hombro.

—Voy a dejarte descansar. Luego me paso a verte.

Se dirigió a la puerta.

—¿Sabes algo de mi marido?

Esteban se giró, con la mano en la manija de la puerta y se quedó inmóvil.
Su respiración sonó más pesada dentro del casco protector.

—Después hablamos, Leo. Ahora descansa.

Y salió.
El sellado hermético de la puerta se activó de inmediato.

Entonces, la voz de Orión se manifestó.

—No sabe qué decirte.

Leo sintió que su corazón se encogía.

—¿A qué te refieres?

—Esto pinta muy mal.

Leo cerró los ojos por un instante.

—Déjate de acertijos —murmuró entre dientes.

—Fíjate en el rectángulo iluminado.

Levantó la mirada. El televisor estaba encendido.
El volumen era bajo, pero no necesitaba subirlo. Podía leer los labios de los presentadores.

En la parte inferior de la pantalla, el rótulo destacaba en rojo:

"ALERTA SANITARIA: AUMENTO REPENTINO DE FALLECIDOS"

La presentadora, Sofía Galmés, mantenía una expresión tensa mientras hablaba con Marc Requena, representante de Sanidad del Baix Llobregat.

—Señor Requena, en las últimas 24 horas, el número de fallecidos en hospitales ha aumentado un 23%, algo sin precedentes en la crisis sanitaria. ¿A qué se debe?

El hombre, de traje gris, ajustó el nudo de su corbata.

—Estamos investigando. Hasta ahora, los pacientes fallecidos eran en su mayoría de alto riesgo…

Leo frunció el ceño.
Había algo en su voz. Un leve temblor.

Sofía no parecía satisfecha con la respuesta.

—Sin embargo, informes preliminares indican que varios de estos pacientes no estaban en estado crítico antes de fallecer.

Requena hizo una pausa.

—No tenemos indicios de que se trate de un evento fuera de lo común.

—Pero esto ha ocurrido simultáneamente en varios hospitales. ¿Es realmente una coincidencia?

—Coincidencia estadística.

Orión:

—Miente.

Leo parpadeó.

—¿Cómo lo sabes?

—Presión en la voz. Contracción de pupilas. Micropausas en la respiración. Movimiento involuntario en la comisura de los labios.

Leo lo vio.
El sutil tic en la mandíbula de Requena.
El parpadeo anormalmente rápido.

Sofía Galmés cambió de tono.

—Una última pregunta, señor Requena. Algunos familiares de pacientes aseguran que, en los momentos previos a su fallecimiento, los enfermos parecían estar… en calma absoluta.

Requena se removió en la silla.

—No podemos confirmar ni desmentir esas declaraciones.

La presentadora tomó aire.

—¿Es cierto que algunos pacientes murieron con los ojos abiertos?

Silencio.

—No hay constancia oficial de ello.

Leo sintió una presión en el pecho.
Recordó lo que había visto en el hospital.
Las criaturas.
La energía vital siendo absorbida.
Los cuerpos inertes… con los ojos abiertos.

Apretó los puños. No necesitaba saber más.
Apartó la mirada del televisor.
No era una coincidencia.

***

© 2025 Óscar Fuillerat Cruz. Todos los derechos reservados.Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio, sin el consentimiento expreso del autor.

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