Belleflur. Capitulo 20. El jardín Octario Parte 2: El libro de los Ocho


Año 1650

 El Rey Luis XIV estaba furioso. Giovanni Bellucci, el brillante arquitecto italiano, había desaparecido sin dejar rastro en los misteriosos jardines de la Mansión Bellefleur. Para un rey que soñaba con crear los jardines más espectaculares de toda Europa, la desaparición de su arquitecto predilecto no era solo un problema, era una afrenta personal. Pero lo que más le molestaba no era la desaparición en sí, sino la única pieza de evidencia que le habían entregado: un viejo libro desgastado llamado De Ritu Octario. Los criados lo habían encontrado en el jardín, cerca de donde Bellucci había desaparecido. Aunque al principio parecía inofensivo, aquellos que se atrevían a abrirlo sentían un malestar profundo, como si las palabras en sus páginas cargaran un peso que iba más allá del entendimiento humano.

El rey, desconfiado y enfadado, decidió que ese libro no debía caer en sus manos. En su lugar, convocó a su arquitecto más cercano, Claude Fournier, un hombre sabio, pero lleno de supersticiones y temores ante lo desconocido. Fournier, que sabía de los rumores sobre Bellefleur, vio la oportunidad perfecta para quitarse de encima aquel problema.

"Majestad," dijo Fournier con voz temblorosa, "he escuchado cosas extrañas sobre ese libro y la mansión. Creo que mi sobrino Marcel, que es tanto arquitecto como médico, podría investigar este asunto con mayor profundidad. Mi deber es con los proyectos en Versalles, y no quiero haceros esperar."

Luis XIV, impaciente y no dispuesto a perder más tiempo, asintió. “Que se haga como dices, Fournier. Que tu sobrino se encargue, pero no quiero oír más problemas sobre Bellefleur.”

Marcel Fournier, el sobrino del arquitecto real, era un joven curioso y algo arrogante. Había estudiado medicina, pero se sentía atraído por los misterios de la arquitectura y la ciencia oculta. Cuando su tío le habló del encargo, Marcel vio la oportunidad de salir de la sombra de su prestigioso apellido y demostrar que él también podía ser grande. Al recibir el libro De Ritu Octario, Marcel sintió una extraña fascinación por las palabras que contenía. Los rituales descritos en las páginas parecían arcanos, llenos de símbolos desconocidos y advertencias sobre los peligros de completar los ocho caminos de un jardín. Algo en las páginas lo inquietaba y lo atraía al mismo tiempo.

Intrigado y sin hacer caso a las advertencias de su tío, Marcel se dirigió a la Mansión Bellefleur para investigar los misterios que habían envuelto al Jardín Octario y la desaparición de Bellucci. Llegó al anochecer, cuando el cielo se teñía de púrpura y las sombras parecían alargarse sobre los senderos del jardín. La mansión en sí se alzaba imponente y solitaria, pero fue el jardín lo que capturó su atención. A pesar del abandono, los caminos del Jardín Octario seguían trazados con precisión inquietante, como si el tiempo no hubiera tocado ese lugar.

Marcel comenzó su inspección con el libro en mano, intentando descifrar los símbolos tallados en las piedras del jardín. Cuanto más leía, más se daba cuenta de que Bellucci no solo había diseñado un jardín, sino un ritual, un portal que conectaba este mundo con algo mucho más antiguo y peligroso. Cada uno de los ocho caminos del jardín debía ser recorrido para despertar su verdadero poder. Marcel, escéptico al principio, sintió una creciente obsesión por completar lo que Giovanni había dejado a medias.

Sin embargo, no fue el libro ni los símbolos lo que finalmente lo atrapó. Fue ella.

En el centro del jardín, donde debía estar la fuente principal, se erguía una escultura de mármol de una mujer. La figura, de una belleza impresionante, parecía estar en movimiento, como si el mármol mismo hubiera sido capturado en un momento de vida. Su rostro expresaba una mezcla de serenidad y tristeza, y sus manos estaban extendidas, como si esperara algo, o a alguien. A medida que Marcel se acercaba, sintió una conexión inexplicable con la figura. Había algo en sus ojos, aunque fueran solo piedra, que parecía llamarlo, invitándolo a acercarse más.

Los días siguientes, Marcel pasó más tiempo en el jardín, y cada vez menos investigando el libro o los senderos. Se sentía cada vez más atraído por la escultura. Le hablaba en susurros, le confesaba sus dudas y, finalmente, le confesó su amor. Marcel estaba convencido de que la mujer de mármol había sido creada para él, como si estuviera destinada a esperarlo en el centro del Jardín Octario.

Una tarde, justo antes de que el sol cayera por completo, Marcel, consumido por su obsesión, se arrodilló ante la escultura y, sin pensarlo dos veces, besó los labios fríos y perfectos de la mujer de mármol. En ese instante, sintió un frío terrible que le recorrió el cuerpo. Su piel comenzó a endurecerse, y un dolor insoportable lo invadió. Trató de retroceder, de liberarse de aquella conexión, pero era demasiado tarde.

Sus piernas, sus brazos, todo su cuerpo comenzaba a petrificarse, transformándose en la misma piedra que había admirado. En su último momento de consciencia, se dio cuenta de que él no era el primero en sufrir este destino. La escultura no era una obra de arte, sino una trampa. Aquella mujer había sido otra víctima, tal vez un alma perdida, atrapada por el maldito jardín.

El cuerpo de Marcel se fundió con el mármol de la escultura, y cuando todo terminó, el jardín de Bellefleur tenía una nueva pieza. Dos figuras entrelazadas, un hombre y una mujer, capturados en un momento eterno de amor y condenación. Nadie que los mirara podría saber que esa escultura era mucho más que piedra; era el último vestigio de Marcel, el hombre que se había enamorado de la trampa perfecta.

Cuando su tío, Claude Fournier, llegó semanas después buscando a su sobrino, no encontró más que silencio. El libro De Ritu Octario seguía allí, abierto en la última página, pero el jardín había cobrado otra víctima, y ahora, en el centro del Jardín Octario, las dos figuras de piedra se abrazaban eternamente bajo el cielo gris de Bellefleur.


***


© 2025 Óscar Fuillerat Cruz. Todos los derechos reservados.Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio, sin el consentimiento expreso del autor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Bitácora de Nemoshine · AtaraxiaCapítulo XV — Asharim-Tala (Parte 4)¿Qué hay realmente en el interior de la lágrima?

Bitácora Nemoshyne. Ataraxia VIII

Bruja Piruja. Capitulo 7.Jordi Bernat Montfort ( Bernardino) ( parte 2)