Belleflour. Capitulo 31: Céline y Etienne
"Carol se había marchado, pero la mansión Bellefleur aún retumbaba con los ecos de su partida, las sombras temblaban en las esquinas, inquietas, casi expectantes. En el centro de la habitación de los espejos, Etienne yacía en el suelo, desbordado por el agotamiento. Su cuerpo, antes tan resistente, apenas podía sostenerse bajo el peso invisible de una oscuridad que parecía aumentar con cada segundo.
Desde lo profundo de esa penumbra, la figura de Céline comenzó a emerger, envolviéndose en una neblina negra, enroscándose alrededor de Etienne como una serpiente. Su risa fría, carente de vida, resonó en la estancia, llena de un desprecio eterno.
Céline: "¿Y qué esperabas, Etienne? Desde el momento en que naciste, tu destino estaba sellado. ¡Qué espectáculo patético ver cómo luchas por mantener una chispa que ya está muerta! Has desperdiciado toda tu energía protegiendo a una mujer que ni siquiera comprende el peso de tus sacrificios."
Etienne intentó mover los labios, decir algo, pero su voz se apagaba en el vacío que lo rodeaba, como si la oscuridad misma le arrebatara las palabras antes de que pudieran formarse. Céline se inclinó sobre él, su sombra cubriéndolo por completo.
Céline: "Y mírate ahora… vacío. Sin propósito. Sin alma. Ni siquiera has tenido la dignidad de alimentarte como deberías. Desde que apareció Carol, te has debilitado. Te negaste a asesinar, a hacer lo único que podría haber retrasado este final inevitable. ¿Acaso pensaste que un maldito como tú podría encontrar redención?"
La voz de Céline estaba impregnada de una burla que desgarraba cada fibra de su ser. Etienne sintió cómo su cuerpo cedía bajo su presencia, su vitalidad escapando de él como arena entre sus dedos. Cada esfuerzo, cada sacrificio que había hecho en los últimos años, todo parecía desvanecerse en esa oscuridad implacable.
Céline: "Oh, Etienne... tu devoción es tan trágica como inútil. Has mantenido a todos estos pobres fantasmas aquí, creyendo que los protegías de mí. ¿Pero ahora? Ya no tienes nada que ofrecer. Ni siquiera eres capaz de un último acto de sacrificio."
Él cerró los ojos, el dolor y la desesperación consumiéndolo. Recordó a Carol, su última esperanza, el último rayo de humanidad que había intentado aferrarse. Céline había sentido eso, lo había notado. Y ahora, sus ojos estaban fijos en ella. Etienne sintió cómo su corazón latía con un último esfuerzo, no por él mismo, sino por la joven que todavía ignoraba el alcance de lo que se cernía sobre ella.
Céline: "¿Sabes lo que me deleita, Etienne? Carol será el siguiente paso en este ciclo. Ella tomará tu lugar. Será la fuente de mi poder, la pieza perfecta. Y tú, condenado y agotado, serás un mero espectador, condenado a observar cómo sucumbe a su destino. El final será el mismo, pero esta vez no me aburriré como lo hice contigo."
Etienne intentó levantarse, una última chispa de rebeldía brillando en sus ojos. Pero su cuerpo no le respondía; cada parte de él había sido drenada, consumida hasta el límite. Era como si su alma se estuviera desvaneciendo, dejando solo un cascarón vacío. Y la risa de Céline, esa risa cruel y helada, parecía ahogar cualquier esperanza que pudiera haberle quedado.
Céline: "Descansa, querido Etienne. Esta es nuestra última conversación. La última vez que importas. A partir de ahora, tú no eres nada más que una sombra. Nada más que un recuerdo inútil."
***
© 2026 Óscar Fuillerat Cruz. Todos los derechos reservados.
Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública o transformación, total o parcial, de esta obra por cualquier medio o procedimiento, sin la autorización previa y por escrito del autor.
Comentarios
Publicar un comentario