Belleflour. Epílogo. capitulo 34.



"A veces, las historias de amor no terminan donde pensamos, y aún menos donde esperamos. La mansión Bellefleur, ahora despojada de las sombras de su antiguo señor, descansa en un silencio extraño, como si hubiera exhalado un suspiro final. Su pasado está lleno de murmullos y de ecos de almas atrapadas, pero ahora, esas mismas almas se han marchado. Bellefleur, antaño una prisión para los condenados y los malditos, se ha convertido en algo distinto: un lugar en transición, entre el pasado y el olvido.

Pero Bellefleur, como todos los lugares que han sido tocados por la oscuridad, aún guarda secretos.

En las profundidades de sus cimientos, allí donde la luz jamás ha llegado, algo permanece, algo que no puede desaparecer. Las casas malditas tienen una forma particular de conservar los recuerdos, de aferrarse a los horrores que han habitado en ellas. Céline, o lo que queda de ella, no desapareció por completo. Relegada a las entrañas de la mansión, sin el poder de antes, su risa ya no resuena, pero su hambre persiste. Bellefleur sigue siendo un lugar que reclama, que atrae, un lugar que, como un pozo profundo, nunca está realmente vacío.

Y así, en una noche en la que el mundo parece haber olvidado a la mansión que una vez devoró espíritus, una figura cruza el umbral. Quizás un joven curioso, atraído por las historias que la rodean, tal vez alguien buscando respuestas en la oscuridad. Las grandes casas vacías tienen una forma de llamar a aquellos que no comprenden los peligros que acechan dentro.

El joven camina con cautela, sus pasos resonando en los pasillos vacíos. Las paredes, aunque desprovistas de sombras, aún tienen memoria. Y en lo profundo de la mansión, algo se despierta. La oscuridad que había estado latente, pacificada, vuelve a sentir la presencia de una vida que no comprende el precio de entrar en un lugar así.

Las puertas comienzan a cerrarse a su paso, los espejos reflejan no solo su imagen, sino visiones distorsionadas del pasado, de horrores que una vez habitaron cada rincón. El aire se vuelve denso, pesado, y en ese silencio, algo intangible, algo voraz se mueve de nuevo entre las sombras.

Céline no ha sido olvidada. Aunque Etienne y Carol ya no forman parte de esta historia, aunque su redención los ha llevado lejos, Bellefleur sigue teniendo sus demandas. Y en esa primera víctima, en esos primeros pasos a través de los pasillos vacíos, la mansión comienza su ciclo una vez más.

Porque así es como funcionan estos lugares. Siempre atraen nuevas historias, nuevas almas, nuevas sombras. Lo que ocurrió en Bellefleur, lo que envolvió a Etienne, a Carol, a Amélie y a Lucilla Flavia, es solo una página en un libro interminable, un ciclo que nunca se cierra del todo, siempre esperando a la próxima alma que sea lo suficientemente audaz —o ingenua— como para cruzar su umbral.

Porque las historias nunca terminan, no realmente. Los lugares malditos siempre encuentran la manera de atraer nuevas almas, nuevas vidas, y aunque debilitada, la oscuridad siempre encuentra su camino de vuelta.

Y así, la mansión Bellefleur sigue esperando… esperando la próxima historia que habrá de contar."

¿No creen?...



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