Belleflur. Capitulo 26: El forjador de alianzas
René Leblanc no era simplemente un cazador; en sus días de juventud, mucho antes de convertirse en el ermitaño que todos conocían, había servido como explorador en el ejército del reino. Tenía el respeto de muchos hombres poderosos y había sido testigo de conflictos más allá de lo imaginable. Sus habilidades de rastreo y su lealtad inquebrantable lo llevaron a ganar el favor de nobles y oficiales militares de alto rango. Si bien el paso del tiempo lo había alejado de esos círculos, mantenía contactos en la alta sociedad, amigos y aliados que jamás lo habían olvidado.
El peso de los años y la tragedia personal que sufrió con la desaparición de su esposa y su hijo habían empujado a René a aislarse en los bosques, lejos de las intrigas y políticas de las cortes. Sin embargo, cuando la desaparición de Josephin Rouchette y otros aldeanos reveló un mal antiguo y creciente en la mansión Bellefleur, René supo que no podía enfrentarse solo a esa oscuridad. Se trataba de una amenaza mucho mayor, algo que no solo ponía en peligro al pueblo de Levallon, sino a todos los territorios circundantes.
Las desapariciones no se limitaban a los alrededores del pueblo. Rumores empezaron a propagarse sobre la gente que se desvanecía en los caminos entre aldeas vecinas, viajeros que nunca llegaban a su destino, y misteriosos avistamientos de sombras que se movían en la oscuridad, siempre cerca de Bellefleur. Fue entonces cuando los terratenientes de las tierras colindantes, influyentes y poderosos, comenzaron a preocuparse. Entre ellos estaban viejos conocidos de René, hombres que también habían escuchado sobre la maldición de la mansión y que sentían que algo siniestro estaba afectando la estabilidad de sus tierras.
Los Aliados de René
René, sabiendo que no podía permitir que el mal de Bellefleur siguiera extendiéndose, comenzó a mover sus viejas conexiones. Se acercó a hombres de poder, antiguos compañeros de batalla, y a familias nobles con las que mantenía una relación de respeto. Entre ellos, sobresalían figuras clave:
1. Alain de Montbrun, Conde de Montbrun y antiguo comandante en el ejército real, había servido junto a René durante una campaña en la frontera. Conocido por su astucia y su capacidad para organizar ejércitos con precisión milimétrica, Alain era un estratega temido y respetado. Aunque ahora se dedicaba principalmente a gestionar sus vastas tierras al norte de Levallon, René sabía que si alguien podía movilizar una fuerza para asediar Bellefleur, era él.
2. Isabelle de Rochefoucauld, Marquesa de Villiers, era una mujer de la alta nobleza que había perdido a su hermana en circunstancias misteriosas mientras viajaba cerca de Levallon. Desconsolada y furiosa, Isabelle había estado buscando respuestas durante años. Cuando René le habló de Bellefleur y de los horrores que allí se ocultaban, no dudó en ofrecer su apoyo. Era una mujer influyente en la corte, con acceso a recursos considerables y conexiones con antiguos caballeros que aún le debían favores.
3. Thibault d'Aumont, Capitán de la Guardia Real y viejo amigo de René. Thibault había estado al servicio del monarca desde joven y había ascendido rápidamente gracias a su valentía y lealtad. Aunque sus deberes lo mantenían en la capital, René sabía que Thibault podía ser persuadido para que movilizara una unidad de la Guardia hacia Levallon. Al fin y al cabo, varias caravanas reales habían desaparecido misteriosamente cerca de Bellefleur, y el monarca mismo había comenzado a hacer preguntas.
4. Jean-Luc de Saint-Denis, un terrateniente que controlaba vastas extensiones de tierra al este del pueblo de Levallon. Jean-Luc había perdido a varios trabajadores en los últimos meses, hombres y mujeres que habían desaparecido sin dejar rastro. Había estado investigando en silencio las conexiones entre las desapariciones y Bellefleur, y cuando René lo contactó, no dudó en unirse a la causa. Era un hombre con recursos, capaz de reunir a sus propios hombres armados para apoyar la ofensiva.
5. Marie-Claude de Chantilly, una poderosa noble viuda que había amasado una considerable fortuna. Marie-Claude era conocida por sus habilidades políticas, pero también por sus relaciones con algunos de los clanes más influyentes de la región. Aunque no era guerrera, su influencia sobre varias facciones de mercenarios y soldados retirados la convertía en una aliada crucial para René. Ella veía la erradicación de Bellefleur como una oportunidad de purgar un mal que había infectado las tierras circundantes.
La Movilización
Con la ayuda de estos aliados, René comenzó a trazar un plan para lo que sería el asedio final a Bellefleur. Los rumores sobre la mansión no eran suficientes para movilizar un ejército, pero las desapariciones constantes, los relatos de testigos que hablaban de sombras que cazaban en la noche, y la presión de los terratenientes que veían sus tierras amenazadas, fueron suficientes para convencer a las figuras clave de que la mansión debía ser destruida.
Alain de Montbrun fue el primero en responder, enviando a varios de sus mejores hombres para que patrullaran las carreteras y comenzaran a reunir información. Junto con Thibault d'Aumont, que logró convencer al monarca de que las desapariciones cerca de Levallon eran una amenaza para el reino, organizaron un contingente de la Guardia Real para viajar hacia Bellefleur. Mientras tanto, Isabelle de Rochefoucauld y Marie-Claude de Chantilly utilizaron sus influencias para reclutar mercenarios y antiguos soldados que habían quedado en la periferia del poder. Hombres que, aunque no pertenecían ya al ejército formal, seguían siendo expertos en la guerra.
Jean-Luc de Saint-Denis, por su parte, ofreció apoyo logístico, proporcionando suministros y refugio para los soldados mientras se preparaban para el asedio. Los rumores de las desapariciones se habían extendido más allá de las fronteras de Levallon, llegando a oídos de muchos que ahora temían por sus vidas y sus tierras.
El contingente que comenzó a formarse era impresionante. Más de doscientos soldados reales, reforzados por mercenarios y guardias privados, comenzaron su marcha hacia Levallon. Pero mientras la tropa crecía, René sabía que la fuerza bruta no sería suficiente. La mansión Bellefleur no solo estaba protegida por las fuerzas de Etienne de Rochefort, sino también por la propia oscuridad que emanaba de sus muros. Aquello que enfrentaban no era simplemente un hombre o un ejército, sino una entidad antigua que parecía controlar el tiempo y el espacio alrededor de la mansión.
***
© 2026 Óscar Fuillerat Cruz. Todos los derechos reservados.
Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública o transformación, total o parcial, de esta obra por cualquier medio o procedimiento, sin la autorización previa y por escrito del autor.
Comentarios
Publicar un comentario